Las mentiras de los gurús económicos locales
Perunet.tv, 29 de octubre de 2008
Pero la fe no solo es religiosa, hay muchas clases de fe. Hay la fe en sí mismo; la fe en la lealtad del amigo; la fe en la dignidad del ser humano; la fe en que, algún día, se llegará a una sociedad pacífica en que las guerras habrán terminado; la fe en que, en un tiempo no muy largo, existirá una sociedad justa en que no habrá pobres, con abundancia de alimentos y de recursos; la fe en que no se explotará a nadie. Los pesimistas consideran estos diversos tipos de fe como una manifestación de ingenuidad y que se deben a que quienes la tienen carecen de facultades analíticas. Pero digan lo que digan, el mundo no podría marchar sin fe.
Una sociedad en que nadie tuviera fe en nada no podría existir. A través de la historia no se conoce pueblo alguno en el que nadie haya tenido fe en algo. Dejo naturalmente de lado a los pueblos primitivos, pues es imposible saber cómo eran su comportamiento y sus creencias. Sin embargo, de manera especulativa, puede suponerse que, para hacer frente a los embates de la existencia, se formaban grupos que se aliaban, y estos grupos confiaban plenamente los unos en los otros.
Pero, antes de seguir adelante, debo hacer una aclaración. Regresando a las alianzas entre diversos grupos, no puede negarse que la confianza de los unos en los otros podía no ser absoluta. Uno puede dudar de la lealtad de la persona o de los grupos en quienes confía. Y esto es un caso de todos los días. Por ejemplo, los aliados en un contexto de guerra muy pocas veces confían en la lealtad plena de sus aliados. Son raros los casos en que esta confianza es absoluta.
Dejando de lado la religión cristiana cuya fe en la divinidad de Jesucristo es inconmovible y que es la religión del Perú, especialmente la fe en la Iglesia Católica, ¿qué cosa puede decirse sobre las restantes religiones superiores, como la islámica, la budista o la brahmánica?
Los creyentes del Islam tienen una fe absoluta en la verdad de su religión. Esta fe se manifiesta en la manera que tienen los musulmanes de hacer sus plegarias. Deben rezar largamente tres veces al día y en dirección a La Meca, ciudad donde nació Mahoma (Mohamed). El musulmán toma su religión con una seriedad muy profunda y no duda nunca de que Mahoma es el profeta de Dios todopoderoso.
El budista también tiene fe absoluta en que Buda (el Bodisatva), sentado debajo de un árbol, llegó a la conclusión de que la manera como uno podía liberarse de la desgracia de las reencarnaciones consistía en la renuncia a todo tipo de apegamiento: a la esposa, al dinero y al lujo. Sus discípulos tenían fe absoluta en la verdad de sus enseñanzas y debido a esta fe hicieron cosas sorprendentes, algunas terribles que nos horrorizan. Uno de sus discípulos predilectos, cuando una mujer le dijo que sentía una pasión abrasadora por él y que lo que más la había cautivado eran sus ojos, respondió: "¿Te gustan? Pues toma uno de ellos". Y se sacó el ojo sin la menor vacilación.
Junto con las alitas de pollo al sillao, una de las cosas que más me gusta en el mundo es ir a los conciertos de la Sociedad Filarmónica (SF). Lo hago desde que estaba en mis primeros años universitarios, cuando esas joyitas de presentación se hacían en el antiguo cine Pacífico, antes de que lo dividieran en pedacitos para volverlo multicine. Desde hace más de treinta años es el auditorio del colegio Santa Úrsula el que ofrece los 12 conciertos anuales de la SF y de hecho hago lo posible por seguir yendo a disfrutarlos. Y no solo porque los grupos de cámara que vienen son de lo mejor que hay en el planeta. También por el público que asiste. Me explico.A los conciertos de la Sociedad Filarmónica suelen ir limeños (as) de base cinco para arriba; desde que yo tenía 18 años veo casi los mismos rostros, personas cultas, educadas, discretas, que saben dónde están y para qué vinieron. Jamás se ha escuchado el timbre de un celular en la platea, tampoco la catarata de insoportable ruido electrónico de un RPM en el intermedio. Cuando se está sentado en un concierto de la SF, o estirando las piernas antes de que comience la segunda parte, uno puede imaginarse viviendo en un país sensato, con una derecha ilustrada, tolerante y tratable y vis a vis, con una izquierda, centro, arriba, abajo, atrás y adelante, iguales de equilibrados, cada quien con sus propios intereses, pero compartiendo algo, coexistiendo, remando en el mismo sentido.
Pero una vez que se acaba el concierto, como en el cuento de Cenicienta, la carroza vuelve a ser un zapallo loche. Y no porque quienes minutos antes nos elevábamos con Bartok, a la salida nos volvamos unos sicarios asesinos, no. Me refiero a que, dejando el Santa Úrsula, al día siguiente, hay que enfrentar a los limeños realmente existentes, con sus pésimos modales, su arrogancia y su intolerancia. Eso fue exactamente lo que me ocurrió un mes atrás. El miércoles siguiente a un hermoso concierto, llama a mi casa una limeñisísima a las siete de la mañana, y tiene a mi esposa por más de diez minutos en el teléfono contándole frusilerías que nadie le preguntó. Cuando supo que yo estaba en el gimnasio, llamó a mi celular y yo contesté en el vestidor casi en pelotas. En quince minutos, y sin saludarme, me contó que se iba de viaje a tal lugar y que quería que le diera los datos de hospedaje, restaurantes, tiendas, museos y no sé qué más. Ojo, aclaro, a la limeñisísima en mención la conozco apenas de vista, o de cruzar un saludo. ¿Cómo consiguió mi número de celular? Habrá que preguntarle a Petro-Tech, pero ese es otro asunto. Bueno, en esa conversación telefónica cometí el error de darle a la doña mi correo para que me hiciera el pedido por escrito y así responderlo mejor, y claro, ansioso como soy, a las diez de esa mañana ella ya tenía resuelto su viaje y, modestia aparte, con datos de privilegio.
La palabra política proviene del griego antiguo 'polis' que significa 'ciudad'. La ciudad era una Ciudad-Estado, es decir, se trataba de una urbe en la que vivían los ciudadanos y los esclavos. Y estaba cercada por el campo, que nunca era muy grande. Por eso la vida era difícil y muy austera.
Después de muchos años la situación cambió, y la vida se hizo más fácil, llegando incluso a la abundancia. En la Grecia de la época de Platón había con frecuencia grandes comidas en las que se reunían numerosos amigos, entre ellos Sócrates, uno de los hombres más extraordinarios de todos los tiempos.
En la política se luchaba entre bandos opuestos. Se pugnaba por la conquista del poder. La política es lucha, enfrentamiento. Desde aquella época, no ha cambiado. En la actualidad sigue siendo exactamente lo mismo.
La capital de la Grecia Antigua era Atenas, como sabe todo el mundo. Pero no había una sola Ciudad-Estado. Había varias, como Esparta, Tebas, Macedonia. Los habitantes de Macedonia eran considerados 'bárbaros', por su defectuosa pronunciación del griego. 'Bárbaro' significaba 'tosco', 'burdo'. Un rasgo típico de Atenas era que todo ciudadano debía intervenir en política, lo que no ha sido conservado en ningún Estado moderno o contemporáneo.
Así como los ciudadanos de una Ciudad-Estado luchaban por el poder, también luchaban entre ellas. Había un enfrentamiento constante por el poder. A veces se unían para luchar con mayor eficacia, mas, por lo general, se enfrentaban de manera separada. Nunca pudo haber una alianza que durara mucho tiempo. Los Estados griegos civilizados se desgastaron luchando, eso fue su perdición, pues Macedonia aprovechó este desgaste para conquistar todas las ciudades no bárbaras de la Hélade.
Pasan los siglos y se llega a la Edad Media. En esta época las pugnas son constantes. Los señores feudales luchaban para alcanzar el máximo poderío. En la Edad Moderna acontece lo mismo. Hay rivalidades mortales entre diversos Estados-nación. Las Ciudades-Estado han pasado y se han formado naciones con territorios mucho más grandes, aunque hay algunas pequeñas. Pero todas ellas se caracterizan por una serie de rasgos distintivos, como comunidad de lengua, de creencias y de tradiciones.
Pero la humanidad no enmienda. En las diferentes naciones europeas, y en otros países lejanos, se lucha constantemente por la supremacía. Francia, Inglaterra, España, sostienen largas guerras que las desangran. Hay momentos de paz, en que se firman tratados de no agresión, pero son poco durables.
Estas luchas se producen durante las monarquías. ¿Existió la política en ellas? Es difícil decirlo. El pueblo era impotente y el poder de los reyes era tan grande que nadie osaba enfrentarlos. Sin embargo, la lucha se da en la propia familia real. Hermanos y parientes cercanos aspiran a reinar y esto, en los casos en que se producía, era política.
En el mundo de nuestros días la política es constante. Mediante la política, Hitler conquistó el poder en Alemania y fue derrocado por una coalición de fuerzas aliadas que lucharon de manera implacable, utilizando armas de enorme poder que destrozaron el país.