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viernes, 31 de julio de 2009

OCTAVIO OBANDO: "LA CRÍTICA SISTEMÁTICA DE AARON PRESTON A LA FILOSOFÍA ANALÍTICA"

La crítica sistemática de Aaron Preston a la filosofía analítica

Octavio Obando Morán
Universidad de Ciencias y Humanidades, julio de 2009

Daré cuenta aquí de las vicisitudes de la reflexión de Aaron Preston en su sistemática crítica del movimiento analítico. Para lo cual me remitiré a algunos de sus materiales. Trataré de resaltar que la crítica prestoniana apunta a mostrar con claridad los alcances y límites de este movimiento y filosofía analítica. Y se mostrará también que, muchas de las llamadas cualidades del movimiento analítico no son otra cosa que manifiesta ignorancia de consideraciones básicas exigidas para el abordamiento de la historia de la filosofía. Enfatizaré el papel de la última etapa del movimiento analítico que hace un recuento histórico de su propio proceso apuntando a resaltar aspectos como autoconciencia, reivindicación de la metafísica e historia. Y pondré de relieve cuestiones temáticas generales de los representantes de esta última fase como de los enlaces que suscitan sus reflexiones que resultan, precisamente, todo lo inverso del momento inicial de este movimiento. Llamaré la atención sobre una audaz tesis de Preston: el llamado movimiento analítico no pasó de ser una ilusión.


miércoles, 22 de julio de 2009

OCTAVIO OBANDO: "NUEVA EPISTEME SOBRE EL SER HUMANO DESDE UNA ONTOLOGÍA INMANENTE"


Nueva episteme sobre el ser humano desde una ontología inmanente

Octavio Obando Morán

Se estima, en términos generales, que la renovación de la perspectiva del ser humano, es decir la ciencia humana, comienza con Charles Darwin y K. Marx. Es posible. Nosotros estimamos, empero, que Kant en la Crítica de la razón pura colocó en un nivel diferente el lugar del espacio-tiempo, lo colocó como condición actualizadora de la subjetividad y, con ello, afectó la constitución del ser, es decir lo hizo inmanente. Tal cosa introdujo en la filosofía de occidente un profundo giro.

Claro es que lo hizo desde una perspectiva idealista, perspectiva idealista que no impidió a J.G.F. Hegel reconocer que fue por Kant que se consiguió pasar de la metafísica a la ontología, y fue este mismo Hegel quien llevó a un nivel correcto esta inmanencia al historizar radicalmente al ser. Marx toma esta perspectiva desde el materialismo y, al hacerlo, efectivamente, coloca en un nuevo nivel el lugar del ser humano, la episteme del ser humano y, con ello, la ciencia humana o humanidades, sujetas aún a la tiranía platónica o aristotélico-tomista o de un cristianismo sin Cristo de tipo liberal. La época actual impone pensar sistemáticamente varios temas relacionados con el nacimiento y desenvolvimiento desde una nueva episteme de este nuevo ser humano.


martes, 23 de junio de 2009

MARTÍN HEIDEGGER: "EL COMUNISMO Y EL DESTINO DEL SER"


TEXTOS

El Comunismo y el Destino del Ser

Martín Heidegger
Traducción de Nicolás González



La contraseña metafísica de la completitud de la edad moderna es históricamente la obtención esencial de la potencia de parte del "Comunismo" en la constitución del Ser en la época de la total falta de sentido... El "Comunismo" no es una mera forma estatal, ni tampoco solo un tipo de visión del mundo política, sino la constitución metafísica en la cual la humanidad moderna no solo culmina y cumple lo Moderno, sino que inicia su última fase... El "Comunismo" es la constitución metafísica del Pueblo en la fase última del completamiento de la Modernidad, que se da ya en el hecho que en el comienzo mismo de la Modernidad debe poner su Esencia, pese a que lo hace de manera oculta, en el Poder...


Heidegger - El Comunismo y El Destino Del Ser

viernes, 10 de abril de 2009

A PROPÓSITO DE LA "SEMANA SANTA": EL PADRE NUESTRO NEOLIBERAL


A propósito de la llamada "Semana Santa", la crisis actual del capitalismo y (en el Perú) la condena a Alberto Fujimori, aquí publicamos un aporte de un compañero estudiante de filosofía de la UNMSM. ¿Cómo suplicaría a su dios un empresario?

Atentamente
LA MODERACIÓN DE INTERCAMBIO FILOSÓFICO

EL PADRE NUESTRO NEOLIBERAL

Padre nuestro, que estás
en el Fondo Monetario Internacional:

Santificadas sean nuestras ganancias,
venga a nosotros la plusvalía.

Hágase la voluntad del patrón,
tanto en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día
que no falte en nuestra mansión.

Perdona nuestra explotación hacia los pobres,
así como algunos pobres agradecen nuestra compasión.

Y no nos dejes caer en el comunismo,
mas libranos de toda crisis empresarial


AMÉN


AUTOR:
Miguel Carlos Vladimir Concha Guerrero
(estudiante de filosofía de la UNMSM)


miércoles, 26 de noviembre de 2008

PRÓLOGO DEL LIBRO "FILOSOFÍA: UNA PERSPECTIVA CRÍTICA"


Dr. Octavio Obando Morán
Filósofo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

En este breve prólogo voy a llamar la atención del lector sobre los aspectos siguientes: 1) este manual que se presenta al público como alternativa; 2) los manuales de filosofía escolar para la normalización de la filosofía en el Perú; 3) los manuales de filosofía de orientación soviética marxista; y 4) el problema de un manual que contemple concepción, posición y método materialistas. Y retornaré al primer punto con algunas observaciones.

[1.] El primer punto tiene que ver con este manual de filosofía que se presenta como alternativa. En términos generales, un problema trata de responder a una serie de aspectos: la estructura, función, sentido y finalidad del problema estudiado. La historia de la filosofía no es ajena a esto. Y hemos de unir inevitablemente el contexto espiritual en el cual se desenvuelve la investigación determinada. Así, tenemos que situarnos en el contexto en que este libro de filosofía se ubica.

[2.] Durante el gobierno de A. Toledo –y es lo segundo–, por obra y gracia del ministro de Educación y asesores especialistas en filosofía, se eliminó la filosofía de las escuelas públicas. Esta eliminación cortó el proceso de normalización de la filosofía concebida como cimiento histórico –en la perspectiva y programa de V. Li Carrillo y A. Salazar Bondy– conducente a la profundización y desenvolvimiento autónomos de la subjetividad filosófica en el país en el horizonte de la burguesía compradora y estatista.

Ciertamente la comunidad filosófica peruana de espíritu democrático reaccionó de inmediato y exigieron –y exigen– que se restituya lo que los intelectuales tradicionales eliminaron. Infelizmente, en los congresos de filosofía llevados a cabo después del golpe contra la filosofía en el Perú, congresos capitaneados por filósofos tradicionales que provienen del horizonte filosófico de la burguesía compradora, se sigue guardando silencio, silencio que los hace cómplices de esta aberración. Este solo hecho bastaría para encontrar en el presente libro de filosofía un gran mérito: apostar, contra viento y marea, para que la filosofía llegue a determinado público con el interés de preservar este ámbito espiritual.

El tercer y cuarto aspecto se refiere a que los autores de este libro quieren establecer sobre este punto de vista una especie de consolidación reflexiva, sintética y superadora de dos rasgos generales de la filosofía de las décadas del 70, 80 y 90 del siglo XX peruanos.

[3.] Primer rasgo, superar el anatopismo de la subjetividad que llevó a repetir los manuales soviéticos de filosofía sin percibir que, así como los filósofos tradicionales peruanos repetían el anatopismo de la subjetividad burguesa compradora, nuestros marxistas de la época hacían exactamente lo mismo pero con la subjetividad soviética. Ambos eran anatópicos. Ambos se negaban a desenvolver una subjetividad autónoma desde nuestra reflexión espiritual. Y donde la normalización filosófica escolar pública tenía y tiene papel histórico central.

Estimo necesario explicar un poco el denominado anatopismo de la subjetividad. El concepto de anatopismo fue utilizado por Víctor Andrés Belaunde, un interesante pensador conservador que utilizó el término para referirse, grosso modo, al carácter no enraizado de nuestra reflexión, es decir, que no contemplaba nuestro proceso espiritual y, dentro de él, procuraba enlazarse de modo creativo con el pensamiento occidental. Reprochaba, este autor, que nuestra reflexión filosófica fuese glosa, mera repetición del pensamiento filosófico internacional. Nosotros usamos el término anatopismo para referirnos a que tanto la filosofía de horizonte tradicional, es decir, burgués comprador, como la de influencia marxista soviética cayeron en lo mismo, en la mera repetición.

Al concepto de anatopismo hemos unido el de subjetividad, que tiene dos aspectos: 1) quiere decir básicamente que es necesario articular una reflexión que contemple al sujeto (no únicamente el individuo) en un conjunto de relaciones, contradicciones, aspectos y contenidos en una totalidad parcial, expresada en un sistema de juicios y proposiciones; el individuo expresa esa totalidad y a la vez es parte de ella; asumiendo que en ese proceso hay varios momentos y en cada momento diversos aspectos, así la autoconciencia es conciencia desplegada de sí misma y sobre sí misma, en un momento histórico determinado es, por lo tanto, también autoentendimiento; 2) el sujeto al expresar esas totalidades parciales de una época para establecer lo común, diferente, contradictorio, etc., como una unidad reflexiva y general que dé cuenta de esta subjetividad como reunión de los momentos del autoentendimiento, expresa específicamente la subjetividad en su temporalidad e historicidad. Entendemos de esta manera la profundización y desenvolvimiento autónomos de la subjetividad filosófica materialista en el país que aspira a superar el anatopismo de la subjetividad de la burguesía compradora y de la burguesía estatista.

[4.] El segundo rasgo radica en que la superación ha querido hacerse desde la concepción, posición y método materialistas. No vamos a negarles mérito a nuestros autores, pero tampoco queremos callar ciertos aspectos. Nuestros autores siguen tocando ciertas teclas del anatopismo soviético en el país. Es inevitable que lo nuevo cargue con lo viejo. Esto no impide notar la independencia espiritual con que se formula el problema de la concepción dialéctico-materialista al abordar la historia de la filosofía; así, colocan en el lugar que se debe a la ontología, es decir, la ontología es la matriz que direcciona todos los aspectos espirituales en la filosofía en general, como en este trabajo en particular. Su posición es nítida y correcta.

Respecto al método, esto es, la dialéctica, nuestros autores la colocan en el ámbito también ontológico. Proceden al reconocimiento ontológico en los diversos filósofos a través del desenvolvimiento del materialismo como concepción y en pugna con el Idealismo, Idealismo al que ciertamente tratan de entender, valorar y superar. Empero, no es difícil notar que nuestros autores aún no reconocen y manejan bien su propia técnica de exposición. Nuestros investigadores, al tratar de reconocer la dialéctica en la extrapolación a otros ámbitos en los cuales incursionan los filósofos repasados, se deslizan hacia una mera o simple exposición tomada de cualquier otro manual de filosofía. Lo cual hace que la toma de posición en este aspecto quede como forzada, no creativa y efectivamente superadora, es decir, se muestra una toma de posición abstracta.

Al abordar la filosofía en Latinoamérica y el Perú, nuestros autores muestran debilidad, es decir, caen otra vez en una perspectiva abstracta. En la historia de la filosofía en América Latina repiten el esquema de las generaciones filosóficas, esquema por completo ajeno a su intento de conseguir un abordamiento multilateralmente materialista. Y en la historia de la filosofía en el Perú los autores siguen estacionados en la perspectiva de la burguesía estatista consistente en que la historia de la filosofía es solamente historia de las ideas. No comprenden que es también cimiento, sedimentación y fundamento de una subjetividad filosófica materialista autónoma que nos coloca en la posibilidad espiritual de pensar la filosofía occidental desde el horizonte espiritual filosófico nuestro.

Volviendo al primer punto, diremos entonces que nuestros investigadores consiguen penetrar en el problema de la ontología, es decir, en la estructura de la filosofía, queriendo resaltar el lado de la concepción dialéctico-materialista. Y estimo que se tiene que profundizar en ello. Pero es necesario considerar también otros aspectos.

Estoy pensando en el problema general de la contradicción y sus variados aspectos, aplicado a la historia de la filosofía internacional y nacional; la superación del Idealismo dentro del mismo materialismo dialéctico y fuera de él, apuntando a asimilar y superar este Idealismo. La eliminación, además, del aspecto maniqueo religioso-confesional aún actuante al analizar las ideas de otros, la superación del pragmatismo, instrumentalismo, Positivismo, Naturalismo y Realismo cotidiano todavía vigentes en esta perspectiva, repensar el valor de la verdad de clase como válida en la esfera de la epistemología materialista, entre otros puntos. Y considerando asimismo la puesta al día de una serie de aspectos en filosofía marxista y no-marxista desenvueltos en el siglo XX.


Con esta obra, y pese a las limitaciones señaladas, los autores han colocado en un nuevo nivel la perspectiva de la historia de la filosofía occidental en el país, al concebir y plasmar su consolidación reflexiva, sintética y superadora. Han establecido, con ello, el precedente para una posterior y amplia superación creativa que conduzca a profundizar en la tarea de autonomizar en un horizonte dialéctico-materialista nuestra subjetividad también materialista en filosofía.

Lima, noviembre de 2008

J. OCTAVIO OBANDO MORÁN

* Se ha establecido una numeración entre corchetes, no presente en el texto original. La finalidad de la mismas es lograr una mejor idea de la estructura del prólogo. Las partes resaltadas en negritas también son nuestras - Nota de IF

INTRODUCCIÓN AL LIBRO "FILOSOFÍA: UNA PERSPECTIVA CRÍTICA"



La tecnología de hoy no es la misma de hace diez años. Internet, la telefonía celular y la televisión digital, entre otros medios, están presentes en nuestras actividades cotidianas. Esto va modelando seres humanos cada vez más diferentes si hacemos una comparación entre generaciones. En la actualidad predomina la tendencia hacia la “eficiencia”, la “efectividad” y la “competencia”, términos que enfatizan la superación personal. De este modo, se busca el bienestar económico de manera cada vez más individual. Hecho que no tendría que preocuparnos si junto con este “progreso económico” aparecieran diversos conflictos sociales que reflejan el estado de injusticia en que vive la mayoría de seres humanos en el mundo.

Buscando contribuir a la toma de conciencia de aquella realidad, sale a la luz el libro Filosofía, una perspectiva crítica. El texto analiza una serie de conceptos sobre asuntos que ameritan un tratamiento filosófico y ofrece un estudio panorámico de diferentes teorías filosóficas que han surgido en el proceso de la humanidad, todo ello desde “una perspectiva crítica”. Denominamos “perspectiva crítica” a un trabajo que pretende alejarse del estudio filosófico tradicional y que, en cambio, dirige su mirada fundamentalmente a las relaciones concretas que establecen los seres humanos dentro de su sociedad, con la finalidad de ubicar en este contexto el origen de las ideas filosóficas.

El texto constituye un estudio introductorio –y por lo tanto elemental– desde un punto de vista crítico. Nuestra pretensión no es presentar una investigación pormenorizada ni erudita sobre alguna filosofía. Deseamos dirigirnos a toda persona que quiera tener conocimientos básicos en filosofía. Queremos mostrar que existen conocimientos filosóficos que sirven para mejorar nuestra condición de vida.

Una interrogante recurrente en nosotros es la relacionada con el mundo. Así, generalmente nos preguntamos si la realidad tiene un origen y si tendrá un final. Esto tiene una clara orientación filosófica, más propiamente corresponde a una disciplina llamada Ontología. De la realidad surge y termina el conocimiento, asunto de la Gnoseología; mientras que la ciencia es tema de la Epistemología. Conocemos al mismo tiempo que valoramos, esto último gracias a la existencia de los valores, objeto de la Axiología; pero cuando valoramos las acciones de las personas calificándolas de buenas o malas, estamos ingresando en el ámbito de la Ética. Y si nuestra valoración está relacionada con la belleza, su problematización está a cargo de la Estética.

Asuntos filosóficos como los mencionados son tratados por una larga lista de pensadores que se remontan a la antigüedad griega. Se considera a Thales como el primero de los filósofos griegos. Muchos de sus contemporáneos ubicados en las colonias griegas investigaron sobre la naturaleza del cosmos. Mientras tanto, en Atenas los sofistas y Sócrates abordan temas vinculados con la formación ciudadana del hombre. La crisis de la polis griega será el principal motivo de preocupación para Platón y Aristóteles. Sin embargo, con la decadencia de la Grecia clásica, diversos pensadores buscaron una felicidad inmediata en una época de mezcla de culturas y costumbres.

Con la consolidación del Imperio romano, surge una diversidad de religiones, entre ellas el Cristianismo, que luego se convertirá en religión oficial de Roma. La decadencia del imperio se produce mientras emerge el régimen económico feudal. Con ello, el Cristianismo se convierte en uno de los principales instrumentos ideológicos de los partidarios del feudalismo.

El fin del feudalismo en Europa trae consigo una nueva forma de concebir al ser humano. Con el desarrollo del capitalismo, debido a la apertura de los nuevos mercados, se impulsa la ciencia y la tecnología. Así, el pretexto es la investigación sobre los fundamentos del conocimiento, pero el fin principal es configurar al hombre según las necesidades de la época.

Si bien desde sus orígenes existieron cuestionamientos a las ideas “modernas”, es a partir del siglo XIX cuando esta actitud se muestra con mayor notoriedad. En ese sentido, surgen diversas corrientes que impugnan los ideales que enarbolaban las clases sociales por entonces progresistas. De otro lado, aparecen diversas tendencias que se declaran herederas y continuadoras de aquellas tesis. Sin embargo, en el siglo XX, con la crisis del capitalismo la crítica a la modernidad adquiere mayor fuerza, actitud que se evidencia inclusive dentro de los partidarios de la burguesía. Es dentro de esa crítica donde también se proponen respuestas que surgen a partir de establecer la oposición dialéctica-metafísica como la contradicción directriz de toda filosofía.

En el proceso de la filosofía en el Perú y Latinoamérica encontramos una filosofía escolástica que es transplantada de España a sus colonias americanas, objeto de crítica por algunos intelectuales de la etapa ilustrada. Con la independencia política surgen intelectuales, llamados conservadores y liberales, que discuten sobre la forma de gobierno en las nacientes repúblicas. Las crisis económicas y sociales de los Estados latinoamericanos permiten el surgimiento de intelectuales que consideran que la solución está en el campo de la ciencia y la tecnología, suscribiéndose así al Positivismo, corriente que tendrá como respuesta, a inicios del siglo XX, al Espiritualismo bergsoniano. Sin embargo, tanto positivistas como espiritualistas no reparan en el carácter semicolonial y semifeudal de las naciones latinoamericanas, tesis que es formulada por José Carlos Mariátegui. Asimismo, en el siglo XX, surgen filósofos que desde diferentes perspectivas buscan orientar la reflexión filosófica elaborando proyectos de filosofar –a decir de ellos– auténticamente latinoamericano.

Finalmente, agradecemos el apoyo del Instituto de Ciencias y Humanidades, de los estudiantes y de la comunidad en general, sin cuya participación directa o indirecta no hubiese sido posible el presente trabajo.

PLANA DE FILOSOFÍA DEL ICH


* Las partes que se resaltan en negritas son nuestras - Nota de IF


martes, 15 de julio de 2008

ERIC HOBSBAWN: "DESPUÉS DEL SIGLO XX: UN MUNDO EN TRANSICIÓN"


TEXTOS

Después del siglo XX: Un mundo en transición

Eric Hobsbawn
Revista Letras Libres, julio de 2008

Un muy destacado científico ha expresado la opinión de que la raza humana sólo tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de sobrevivir al siglo XXI. Ésta es en cierto sentido una afirmación extrema; pero muy pocos disentiríamos de la idea de que nuestra especie y nuestro globo enfrentan ahora peligros sin precedentes para la presente centuria, aunque sólo sea por el extraordinario impacto que la tecnología y la economía humanas ejercen sobre el medio ambiente. A este ensayo mío no le conciernen tales escenarios apocalípticos: supondré que si la humanidad sobrevivió al siglo XX, igualmente lo hará en el siglo XXI.

El mundo de principios del siglo XXI se caracteriza por tres sucesos principales:

• Las enormes fuerzas que aceleran la velocidad de nuestra capacidad de producción y que, al hacerlo, cambian la faz del mundo. Esto es así y así continuará.

• Un proceso de globalización acelerado por la revolución en el transporte y las comunicaciones, nos indica que: a) sus efectos mayores corresponden directa o indirectamente a la globalización económica; aunque b) se presenta en todos los campos excepto en los del poder político y la cultura, en la medida en que dependen del idioma.

• El reciente pero rápido cambio en la distribución de la riqueza, el poder y la cultura, de un patrón establecido que duró de 1750 a 1970 a uno todavía indeterminado.

I

El incremento en nuestra capacidad para producir –y para consumir– difícilmente requiere de comprobación alguna. Sin embargo, deseo hacer tres observaciones. La primera concierne a la explotación de recursos cuyo abastecimiento es naturalmente limitado. Esto incluye no sólo las fuentes de energía fósil de las cuales la industria ha dependido desde el siglo XIX –carbón, petróleo, gas– sino de los más antiguos fundadores de nuestra civilización, a saber: agricultura, pesca y bosques. Estas limitaciones naturales o son absolutas dada la magnitud de las reservas geológicas y de tierras cultivables, o relativas cuando la demanda excede la capacidad de estos recursos para su propia renovación, como la excesiva explotación pesquera y de bosques. Cerca del final del siglo XX el mundo no se había aproximado aún al límite absoluto de las fuentes de energía, ni a un incremento sustancial en la productividad agrícola y las extensiones cultivables, aunque el ritmo de incorporación de nuevas tierras aflojó durante la segunda mitad del siglo. Los rendimientos por hectárea de trigo, arroz y maíz subieron a más del doble entre 1960 y 1990. Sin embargo, los bosques fueron seriamente amenazados. La deforestación en pequeña escala ha sido un antiguo problema y ha dejado marca permanente en algunas regiones, notablemente el Mediterráneo. La sobreexplotación pesquera empezó a alcanzar su punto crítico en el Atlántico norte alrededor de los últimos treinta años del siglo XX y se extendió a todo el globo debido a la preferencia por algunas especies. Esto, hasta cierto punto, se ha compensado con la acuicultura, que en la actualidad produce alrededor del 36 por ciento del pescado y marisco que consumimos –cerca de la mitad de las importaciones de pescado de los Estados Unidos. Aunque la acuicultura todavía se encuentra en etapa inicial, el esfuerzo podría terminar en la mayor innovación en la producción de alimentos desde que se inventó la agricultura. Esta vastedad de alimentos alcanzada, que permite alimentar a más de seis mil millones de personas mucho mejor que a los dos mil millones de principios del siglo XX, se logró a través de los métodos tradicionales, además de las tecnologías mecánica y química; de modo que no tiene sentido argumentar que la humanidad no puede ser alimentada sin manipulación genética.

El agotamiento de los recursos no renovables o limitados ciertamente planteará serios problemas al siglo XXI, particularmente si la crisis medioambiental no se encara seriamente.

Mi segunda observación se ocupa del impacto que la revolución tecnológica ha tenido sobre la producción y la mano de obra. En la segunda mitad del siglo XX, por primera vez en la historia la producción dejó de ser de mano de obra intensiva para volverse de capital intensivo y, progresivamente, de información intensiva. Las consecuencias han sido dramáticas. La agricultura sigue siendo el principal deponente de mano de obra. En Japón la población agrícola se redujo del 52,4 por ciento después de la Segunda Guerra Mundial al 5 por ciento en el presente. Lo mismo en Corea del Sur y Taiwán. Aun en China la población agrícola ha disminuido del 85 por ciento en 1950, al 50 por ciento hoy en día. No hay necesidad de comprobar la sangría de campesinos en América Latina desde 1960, pues es evidente. Para decirlo pronto, salvo la India y algunas zonas del África subsahariana, no quedan países campesinos en el mundo. La dramática caída de la población rural se ha compensado con un alto crecimiento de las zonas urbanas que, en el mundo en desarrollo, han dado origen a ciudades gigantes.

En el pasado, este caudal de mano de obra redundante y no calificada era absorbido por la industria –en la minería, la construcción, el transporte, las manufacturas, etc. Esta situación aún prevalece en China, pero en el resto del mundo, incluyendo a los países en desarrollo, la industria ha venido deshaciéndose aceleradamente de la mano de obra. Este descenso en la industria no es sólo debido a la transferencia de la producción de regiones de altos costos a otras de bajos, sino que también va implícita la substitución de tecnologías cuyos costos declinan por mano de obra calificada cuyos costos son inelásticos y al alza con el propio desarrollo económico. Desde 1980, los sindicatos de la industria automotriz en los Estados Unidos han perdido la mitad de sus miembros. Igualmente Brasil empleaba un tercio menos de trabajadores aun cuando produce casi el doble de vehículos automotores en 1995 que en 1980. El incremento en el sector de los servicios junto al crecimiento económico no ofrecen una alternativa viable para dar salida a la mano de obra redundante tanto industrial como agrícola, generalmente de baja escolaridad y con poca capacidad de adaptación. Sin embargo, hasta ahora, el empleo a las mujeres ha resultado relativamente beneficiado, al menos en los países desarrollados.

La mayor parte de la mano de obra redundante la absorbe la economía informal que, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comprende el 47 por ciento del empleo no agrícola en el Medio Oriente y Norte de África; 51 por ciento en América Latina; 71 por ciento en Asia y 72 por ciento en el África Subsahariana. El problema se observa muy agudo en los países más pobres y en aquellos otros devastados por la transición económica, como la ex URSS y los Balcanes. Mientras se ha argumentado a favor de la flexibilidad y efectividad de la economía informal sobre todo en el caso latinoamericano, la verdad es que ésta es siempre bastante menos significativa en los países desarrollados (alrededor de diez por ciento en Estados Unidos). En cambio, el contraste entre un rápido crecimiento económico y la incapacidad para generar suficientes empleos es particularmente impactante en la India , cuyo crecimiento se cimienta en capital e información intensivos pero con un 83 por ciento de la fuerza laboral en el sector informal. El gobierno de Manmohan Singh se ha visto en la necesidad de garantizar un mínimo de días de trabajo a la población rural más pobre.

Mi tercera observación es obvia, y es que el enorme incremento en la capacidad humana para producir depende mayormente de los conocimientos y la información. Esto es, en un gran número de gente con altos estudios y no necesariamente sólo en el campo profesional de la investigación y el desarrollo. Aquí, la riqueza acumulada y el capital intelectual de la era de la industrialización occidental continúa dándoles a los países del norte enormes ventajas sobre los países en desarrollo. Aunque el número de asiáticos laureados con Premios Nobel de Ciencia va en aumento desde 1980, sigue siendo pequeño. Los recursos intelectuales en el resto del mundo en desarrollo siguen a la espera de un mejor aprovechamiento. Además, los jóvenes investigadores del mundo en desarrollo pueden trabajar en los centros de investigación del Norte, reforzando así su predominancia.

Sin embargo, el siglo XXI está siendo testigo de la rápida transferencia de actividades innovadoras, base del progreso moderno, antes monopolizadas por las regiones del Atlántico norte. Esto es muy reciente. El primer laboratorio extranjero para investigación y desarrollo se estableció en China en 1993 (por Motorola); pero en pocos años setecientas empresas transnacionales han hecho lo mismo, mayormente en el sur y el este de Asia, una región especializada en diseño de semiconductores. Y aquí, una vez más, las disparidades regionales parecen aumentar, ya que el progreso depende también de que los gobiernos sean efectivos, se cuente con infraestructura adecuada y, sobre todo, con población educada por encima de los niveles básicos. No hay duda de que en países como la India y, en menor grado, Brasil, la baja escolaridad de la mayoría de la población es un obstáculo; sin embargo, esto se ha compensado por el relativo buen aprovechamiento del escaso número de los altamente educados. Los avances en este aspecto, en el mundo en desarrollo, todavía enfrentan un largo camino. El crecimiento de algunas regiones y el rezago de otras es muy evidente, así como el aumento en las disparidades. Según la revista R&D , en la lista de países más atractivos para invertir, están –en ese orden– China, Estados Unidos, India, Japón, el Reino Unido y Rusia. De América Latina, Brasil ocupó el lugar diecinueve (debajo de Austria), y México el ventitrés.

II

Y paso a la globalización, esto es, el desarrollo mundial como una sola unidad, cuyas transacciones y comunicación están libres de trabas locales y de otra índole.

Esto, en principio, no es nada nuevo. Teóricos como Wallerstein registran un “Sistema Mundial” desde la circunnavegación del globo durante el siglo XVI. Desde entonces se han ido registrando otros varios e importantes avances, principalmente en los campos económico y de las comunicaciones. Dejaré fuera de las comparaciones la fase del proceso previa a 1914. Esa economía nunca abordó seriamente asuntos de producción y distribución de bienes materiales aun cuando sí creó un libre flujo global en las transacciones financieras –aunque en menor escala que las actuales. Fueron tiempos de migraciones de mano de obra casi totalmente irrestrictas por los gobiernos, y en este sentido, una globalización más avanzada que la presente. Y mientras que las comunicaciones sufrieron cambios benéficos y sustanciales en los sistemas postales, telegráficos y organismos de coordinación internacional a mediados del siglo XIX, el número de personas involucradas en transacciones internacionales fue escaso. De hecho, la globalización de la producción ha sido posible gracias al revolucionario avance en las comunicaciones, que virtualmente han abolido las limitaciones en cuanto a lugar, distancia y tiempo se refiere y al no menos dramático adelanto en la transportación de mercancías desde los años sesenta –carga aérea y contenedores–, aun cuando la innovación tecnológica fue menor que en las comunicaciones humanas.

Aquí, tres puntos son relevantes.

El primero es la peculiar naturaleza de este proceso a partir de los años setenta, concretamente el triunfo sin precedente de un capitalismo que descansa en la libre movilidad global de todos los factores de la producción y la de los gobiernos atentos a no interferir en la distribución de los recursos dispuesta por el mercado. Ésta no es la única versión del concepto de globalización. En las décadas anteriores a 1914, su progreso corrió paralelo rivalizando con las políticas proteccionistas, moderadas en la mayoría de los países industrializados y extremas en los Estados Unidos. Durante las décadas doradas posteriores a 1945 esta práctica de sustitución de importaciones corrió paralela a las políticas, no tan infructuosas, del mundo no comunista. No queda claro que los programas neoliberales extremos aseguren un máximo de crecimiento económico, asumiendo que fuese deseable. El más rápido crecimiento del Producto Interno Bruto per cápita observado en el “mundo capitalista avanzado” no se dio en el “orden liberal” de 1870 a 1913, ni tampoco en el “orden neoliberal” de 1973 a 1998, sino solamente en los “años dorados” de 1950-1973. El crecimiento económico de los inicios del siglo XXI ha descansado primordialmente en un dinamismo que Maddison llama “las quince economías asiáticas resurgentes”, cuyo crecimiento ha sido asombroso. Pero no fue el neoliberalismo el que presidió la extraordinaria revolución industrial de Corea del Sur, Taiwán, China y, aun, la India a principios de los años noventa. A la inversa, la situación de 168 economías, fuera de estos dínamos, mostró un rápido deterioro en el último cuarto del siglo XX y fue una catástrofe para la ex URSS, los Balcanes y algunas regiones africanas.

Algunos aspectos de esta globalización neoliberal tienen relevancia directa sobre la situación mundial general a principios de este siglo XXI. Primero, es patente el incremento en la desigualdad económica y social tanto entre países como al interior de ellos. Esta desigualdad eventualmente podría disminuir, pues las economías asiáticas más dinámicas podrían alcanzar a los viejos países capitalistas desarrollados; pero en el caso de la India y China, con sus miles de millones de habitantes, hace que la brecha sea tan grande y que el paso al que pudieran alcanzar el mismo PIB per cápita de los Estados Unidos sea tan lento como un caracol. Lo que es más, la rapidez con que crece la brecha entre países ricos y pobres reduce el significado práctico de estos avances.

Sería inapropiado usar a los 52 multimillonarios de Rusia como índice comparativo del estándar de vida en ese país. Éstos representan otra más de las consecuencias de la globalización neoliberal, cuya novedad es que pequeños grupos de ricos globales son tan adinerados que sus recursos podrían ser de la magnitud del ingreso nacional de países como Eslovaquia, Eslovenia, Kenya o, en el caso de los muy ricos, del orden del PIB de Nigeria, Ucrania y Vietnam. Este tipo de crecimiento ha generado en la India un mercado de clase media tipo occidental contado por decenas –algunos aseguran que cientos– de millones; sólo hay que subrayar que, hacia 2005, en este país el 43 por ciento de la población vivía con menos de un dólar al día. Fuertes y crecientes desigualdades en la riqueza, el poder y las oportunidades para tener una vida mejor no son la receta para la estabilidad política.

La segunda característica de la globalización, respaldada por las políticas socialmente ciegas del Fondo Monetario Internacional, ha sido el agudo crecimiento en la inestabilidad económica y en las fluctuaciones económicas. Los viejos países industriales han estado resguardados, comparativamente, de las depresiones cíclicas, excepto por los bruscos virajes a corto plazo del mercado bursátil; sin embargo, el impacto ha sido dramático en grandes partes del mundo y, notablemente, en América Latina, el sudeste asiático y la ex Unión Soviética. Sólo tenemos que recordar las crisis de principios de 1980 en Brasil y, a fines de los noventa, las de Indonesia, Malasia, Tailandia y Corea del Sur y, sin olvidar, la de Argentina a principios del año 2000. Sólo recordemos los cambios políticos que siguieron a estas crisis en varios países. Las economías volátiles no son receta para la estabilidad política.

La tercera característica de la globalización neoliberal es que, al sustituir un conjunto de economías nacionales por una economía global, se reduce severamente la capacidad de los gobiernos para influir en las actividades económicas de su territorio y se daña su capacidad recaudatoria. Esta situación se agudizó mayormente al aceptar todos la lógica del neoliberalismo. Desde la terminación de las economías de planeación centralizada, todos los países, incluyendo a los más grandes, están en mayor o menor grado a merced del “mercado”. Esto no implica que hayan perdido todo peso específico en la economía. Todos los gobiernos centrales y locales, por la naturaleza de sus actividades, son los principales empleadores de la fuerza laboral. Es más, así han retenido su mayor valor histórico: el monopolio de la ley y el poder político. Y esto significa que ya no funcionan como actores económicos en el teatro mundial, ni siquiera como dramaturgos aunque sí como escenógrafos. Pues los actores de hoy, las grandes corporaciones transnacionales, se ven en la necesidad de acudir a ellos pues también son los propietarios de los teatros nacionales que requieren para sus operaciones. La globalización neoliberal ha debilitado seriamente a los Estados nacionales como los conductores del poder y artífices de la política.

Políticamente, el aspecto más serio de este debilitamiento es el de que priva a los gobiernos, sobre todo a los de las economías desarrolladas del Norte y Occidente, de sus ambiciosos y generosos planes sobre seguridad social, mismos que ya desde los tiempos de Bismarck habían sido reconocidos por los gobernantes como la mejor herramienta para la estabilidad social y política, esto es, el Estado benefactor. En vez de esto, el mercado global fundamentalista ofrece un proyecto de prosperidad para todos –o casi todos– a través de los beneficios de un crecimiento económico interminable. Aun en los países como el Reino Unido donde el programa neoliberal ha proveído a la gente de una genuina y bien distribuida riqueza, no han disminuido las demandas de los ciudadanos por más empleos, garantías para sus ingresos básicos, seguro social, salud y pensiones. Sólo la capacidad o voluntad de los gobiernos para proveer lo anterior ha posibilitado el cumplimiento de esas ambiciones.

Esto me trae a la segunda y más amplia de las propuestas sobre globalización y es que ésta, en mayor o menor grado, es universal pero se queda corta ante un problema humano mucho mayor: la política. Históricamente han existido y existen mecanismos económicos en el mundo, pero ninguno dirigido a la creación de un gobierno mundial. Las Naciones Unidas y otros organismos prevalecen por la conveniencia y el permiso que los propios países les otorgan. Los Estados nacionales son las únicas autoridades en el mundo y sobre el mundo para ejercer el poder de la ley y el monopolio de la violencia. De hecho, en el transcurso del siglo XX se dio fin a la era de los viejos y nuevos imperios y, durante la Guerra Fría , se estabilizaron las fronteras de los Estados nacionales, revertiéndose la vieja tendencia hacia la concentración del poder político debido a la expansión imperial y por el surgimiento de Estados nacionales ampliados. Por implicación, esto resultó antiglobalizador. Hoy en día, hay cuatro veces más naciones técnicamente soberanas que hace cien años.

Desde luego, en cierto sentido esta multiplicación de Estados nacionales ha favorecido la globalización económica pues muchas de las pequeñas y enanas unidades políticas dependen totalmente de la economía global porque poseen recursos indispensables –petróleo, destinos turísticos, territorios base para la evasión fiscal, empresas transnacionales. Así pues, algunos países se han beneficiado desproporcionadamente con la globalización. De los quince Estados nacionales con el PIB más alto per cápita en el 2004, doce tienen una población que va de los cien mil a los diez millones de habitantes. La mayoría sin un poder o peso significativos. No obstante, aun los Estados pequeños y aquellas etnias aspirantes a formar el suyo propio, son rocas que rompen el oleaje de la globalización. Ha habido intentos ocasionales de contrarrestar la fragmentación política del mundo, principalmente a través de áreas regionales de libre comercio como el Mercosur, pero sólo la Unión Europea ha logrado ir más allá de lo meramente económico, pero aun sin que se vean indicios claros de avance hacia una federación, ni siquiera a Estados confederados, como estaba en la mente de sus fundadores. La UE , pues, permanece como un hecho irrepetible y producto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Y abundando: los Estados nacionales son lugares políticos y la política tiene una considerable fuerza internacional en una época en que todos los países, democráticos o no, y aún las teocracias, tienen que tomar en cuenta el sentir de sus ciudadanos. Esa ha sido una fuerza suficiente para ponerle un freno a la globalización neoliberal. El ideal de una sociedad global de libre mercado supone la irrestricta distribución de recursos y resultados en base a criterios de mercado. Por razones políticas, los gobiernos no pueden correr el riesgo de dejar en manos del mercado la distribución del producto nacional. Otra, la globalización requiere de un solo lenguaje –una versión globalizada del inglés pero, como lo demuestra la historia reciente en Europa y el sur de Asia, los países pagan las consecuencias si fallan al tomar en cuenta los idiomas dentro de sus territorios. Un mundo neoliberal requiere moverse libremente en la transacción de todos los factores de la producción. Sólo que no existe el libre movimiento internacional de la mano de obra, a pesar del hecho de encontrarse una enorme brecha entre los niveles de salarios de los países pobres y los ricos; millones de pobres en el mundo quieren migrar a las economías desarrolladas. ¿Y por qué no hay libertad migratoria? Porque no existe gobierno alguno en las economías desarrolladas que se atreva a pasar por alto la resistencia masiva de sus ciudadanos hacia la irrestricta inmigración, tanto en el plano económico como en el cultural. No defiendo esta situación, sólo señalo su enorme fuerza.

La política, a través de la acción del Estado, proporciona así el necesario contrapeso a la globalización económica. Sin embargo, difícilmente hoy encontramos gobiernos que rechacen las desventajas de la globalización o que pudieran suspenderla en sus territorios, si quisieran. Claramente no todos los países son iguales. Ciertamente, la proliferación de países pequeños y virtualmente débiles da gran prominencia y peso global a un puñado de países o uniones fuertes que dominan hoy en día el mundo: China e India, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia, Japón y Brasil, quienes tienen alrededor de la mitad de la población mundial y casi las tres cuartas partes del PIB. La globalización económica opera a través de empresas transnacionales sin poder militar ni político, pero que funcionan en un marco determinado por sus propios países de origen, sus políticas, alianzas y rivalidades.

No obstante, los progresos y la voluntad de globalización continuarán aun si –lo que no es imposible– el ritmo para lograr el libre intercambio mundial aflojase en las próximas décadas. Esto me trae a mi tercera proposición: la creación de una economía mundial como una sola y total unidad interconectada y sin obstáculos aún está en la infancia. Así, si tomamos los bienes de exportación como si fuesen el PIB de los 56 países económicamente significativos del mundo, este alcanzó su primer punto máximo alrededor de 1913 con cerca del nueve por ciento de los PIBs conjuntos, pero entre este año y 1990, sólo hubo un crecimiento del 13,5 por ciento; ni siquiera se duplicó. El Instituto Federal Suizo de Tecnología, en Zurich, ha establecido un índice de globalización. En este índice los diez países más económicamente globalizados del mundo sólo incluyen una economía avanzada, la del Reino Unido (como el número 10). De las economías mayormente desarrolladas, Francia clasifica en el puesto 16; los Estados Unidos en el 39 un poco adelante de Alemania y Noruega; Japón ocupa el puesto 67; Turquía clasifica en 52; China en 55; Brasil, 60; Rusia, 76 y la India ocupa el lugar 105. La clasificación en globalización social se distribuye más uniformemente entre las economías occidentales. Con excepción de la mayor parte de América Latina, la globalización social (si se prefiere cultural) refleja un mayor avance que la económica.

Esto indica que el mundo continúa abierto a los choques y tensiones de la globalización. Consideremos que, mientras los pasados treinta años nos han traído las más grandes migraciones masivas, sólo el 3 por ciento de la población mundial vive fuera de su país de origen. ¿Qué tan lejos nos llevarán los todavía modestos avances de la globalización? Júzguenlo ustedes.

III

Si hemos de juzgar los cambios en la riqueza, el poder y la cultura en el equilibrio global, debemos, por tanto, definir lo que se entiende por equilibrio mundial, o mejor, por desequilibrio –como prevaleció el planeta en el período de 1750 a 1970. Con una sola excepción –la población– hubo un gran predominio de la región del Atlántico norte, al principio confinada a las partes más relevantes de Europa pero que en el transcurso del siglo XX se inclinó hacia las antiguas colonizaciones de emigrantes europeos a Norteamérica, específicamente los Estados Unidos. Europa y las regiones colonizadas por emigrantes europeos nunca fueron más que una minoría de la población global, digamos el veinte por ciento en 1750, y tal vez el treinta o 35 por ciento hacia 1913.

Desde entonces, ha caído hasta llegar alrededor del quince por ciento.

En cualquier otro sentido, el predominio del Atlántico norte fue absoluto. Cualesquiera que hubiesen sido las circunstancias, la economía mundial se transformó gracias a las tecnologías y al sistema capitalista occidentales. Pero aquí debe hacerse una distinción entre el original predominio europeo y la más reciente fase norteamericana. En el siglo XIX la dinámica global venía del capitalismo europeo pues los Estados Unidos eran mayormente una economía independiente: hasta el siglo XX su impacto sobre América Latina, por ejemplo, era menor comparado con el de Gran Bretaña. Los territorios del mundo estaban ocupados y divididos entre los poderes europeos occidentales del Atlántico Norte y el Imperio ruso. En términos militares la situación no era del todo desequilibrada, pero ninguna potencia que no contase con los recursos técnicos y de organización occidentales podría haberse enfrentado a otra que sí los tuviese. En lo que se refiere al campo intelectual, excepto el religioso, las ideas que cambiaron la política y la cultura en el mundo llegaron de Europa. Modernización significaba occidentalización. La ciencia y la tecnología, aunque internacionales, se originaban en Europa y sus filiales y estaban virtualmente monopolizadas por los países de la región. Igualmente por lo que hacía a la literatura, comunicación impresa, libros y periódicos.

En términos de poder económico, la globalización reforzó la situación original del norte industrializado y su desarrollo capitalista, el cual también multiplicó la distancia entre la riqueza per cápita de estos países con los del resto del mundo, dando a sus habitantes un elevado nivel de vida, seguridad social y, en general, mejores oportunidades de vida. En términos de lo que podría llamarse “capital intelectual”, el monopolio sobre la ciencia y la tecnología se mantuvo, aunque el centro de gravedad de estos campos se movió de Europa a los Estados Unidos después de concluida la Segunda Guerra Mundial. En el campo de las ideas y hasta la Revolución Iraní de 1979, las ideologías de origen europeo/norteamericano nacidas de las Revoluciones Estadounidense, Francesa y Rusa así como las de los Estados nacionales independientes y aun las del fascismo, fueron ideas casi universales e inspiraron tanto a los propios gobiernos como a los que quisieron deponerlos.

Esta fue la situación que empezó rápidamente a cambiar hacia finales del siglo XX, afectando desigualmente a diferentes partes del mundo. Las regiones importantes en el mundo del siglo XXI son hoy muy distintas en sus estructuras demográficas. En el año 2006 se estimaba que, en países con poblaciones enormes, los niños menores de quince años de edad constituían entre el treinta y el cincuenta por ciento de la población. Para ser más preciso, son cuatro las regiones de jóvenes actualmente: América Latina y el Caribe, al norte del Cono Sur; la subsahariana de África; la importante región musulmana de Oriente Medio y el Norte de África; y el sur y sudeste asiático. Es preciso distinguir claramente entre el subcontinente Indio y sudeste asiático. Dejo fuera los archipiélagos del Pacífico por no ser de gran importancia cuantitativa. Tres regiones desarrolladas o en rápido desarrollo representan a la población en proceso de envejecimiento en el mundo. Europa en el más amplio sentido, incluyendo Rusia y los otros países ex comunistas (no los musulmanes de Asia central) y Norteamérica y Australasia, todas éstas son regiones originalmente colonizadas o pobladas por blancos europeos. Existen, desde luego, diferencias significativas entre Norteamérica, la Unión Europea , los países que integraban la URSS y la Europa del este y el lejano oriente asiático: China, Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y Singapur.

Para efectos de este trabajo, no me interesa ahora discutir los problemas globales de la transición demográfica que, esperamos, logre estabilizarse en una población mundial de más de seis mil millones.

Es evidente que la humanidad del siglo XXI contendrá una proporción mucho menor de blancos europeos o sus descendientes, una menor proporción de asiáticos del este y una mucho más alta proporción de latinoamericanos, de subsaharianos de África, de musulmanes mediorientales y asiáticos del sur y sureste. Esto tiene una relevancia inmediata sobre la distribución de la pobreza en el globo, que claramente se concentra en las regiones de rápido crecimiento demográfico, a excepción del sureste asiático, donde el desarrollo económico ha reducido la expansión poblacional; y desde luego también, los antiguos países soviéticos. De otra parte, mientras no existan implicaciones inmediatas en la distribución de la riqueza y el poder económico, esto es irrelevante. Así, de las unidades políticas más importantes y que son centros de poder económico, sólo dos –India y Brasil– están presentes en las regiones de crecimiento demográfico; cuatro, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia y China están en los regiones de estancamiento o disminución poblacional. El África subsahariana, el Medio Oriente musulmán y el sureste asiático están fuera de consideración.

La globalización y el desarrollo económico han afectado a los países de manera asimétrica. De hecho, hoy tenemos un “mundo en desarrollo” dividido en tres partes: los países de desarrollo rápido; los países cuya función principal es la de abastecer materias primas y combustibles fósiles y los países con poco interés en la economía globalizada. En el presente, el este asiático es el más exitoso ejemplo de los primeros, los de rápido desarrollo; los países del antiguo bloque soviético y la mayoría de los musulmanes de Medio Oriente pertenecen a la segunda categoría y la mayoría de los subsaharianos de África, a la tercera.

El cambio más importante que se da a partir de 1970 es la transferencia del centro de gravedad de la economía mundial, de Norteamérica y la Unión Europea hacia el Oriente extendiéndose por el sur y sureste asiáticos. A menudo se olvida que el ascenso hacia la prominencia global de la economía japonesa también ocurrió a finales del siglo XX, así pues, al término de 1968 la producción industrial de Japón alcanzaba no más de cuatro por ciento de la mundial total, por debajo de la del Reino Unido. Desde luego, es verdad que el equilibrio del poder mundial de los negocios continúa, en gran medida, en manos de los viejos países industriales. Sin embargo, la tendencia es clara por el destacado y sorprendente papel de los asiáticos.

Qué tan lejos llegarán los cambios en el equilibrio del poder económico no está claro todavía. Norteamérica y la Unión Europea , los más importantes contribuyentes al PIB mundial, perderán terreno –Estados Unidos tal vez más que la ue. Por su parte, los países del Mar de China avanzarán, pero todavía les falta mucho. A la India , todavía no se le puede juzgar, pero hay que considerarla como claro y futuro jugador importante. A América Latina, con su cercanía al ocho por ciento del PIB mundial, no se le ven trazas de algo importante; los resultados de décadas pasadas han sido más bien decepcionantes y sus prospecciones dependerán del progreso que obtengan los países del Mercosur y México mientras no sean absorbidos aún más por la economía estadounidense. El mundo musulmán del Oriente Medio, con todo y los ingresos por el petróleo y gas, contribuye poco a los cambios y –a excepción de Turquía e Irán– sus prospecciones dependen mucho de la venta de energéticos. Por su parte, los sucesores de los países comunistas, que ahora contribuyen con alrededor del cinco por ciento del PIB posiblemente mejoren algo sus resultados cuando se recuperen de los infaustos sucesos de los noventa. Además de las materias primas y el petróleo, el poder económico de la Rusia desindustrializada tiene hoy un poco más en don- de apoyarse que en los tiempos de la era soviética con todo y la poderosa industria de armamentos y la gente con elevada educación. Por otro lado, a la cada día más empobrecida África subsahariana se le ven escasas esperanzas de poder lograr desempeñar un mejor papel.

De todas las regiones, sólo una, América del Norte, se encuentra bajo el predominio de una sola economía nacional: los Estados Unidos. Cuando las reliquias de la Guerra Fría incluyendo a Rusia asumieron que el camino se despejaba, el futuro lógico lo encontraron en combinarse con Europa. En el este y sudeste asiáticos, China puede aspirar a la hegemonía económica que por breve tiempo disfrutó Japón, pero Japón permanecerá como un jugador principal, sin tampoco olvidarnos de la India. Este nuevo y dinámico centro global, por consiguiente, será el campo en la interacción de estos tres gigantes. Ni la región musulmana del Medio Oriente, ni África, potencialmente poseen fuerza hegemónica en los campos económico y político; pero en América del Sur el solo tamaño y potencial de la economía brasileña le asigna a ésta un papel central, todavía más si la economía mexicana se permite seguir atada al sistema de los Estados Unidos.

Esto no significa que estas economías hegemónicas nacionales o regionales estén en conflicto con la ya en buena parte interdependiente economía global, que les otorga a todos beneficios reales o potenciales. Y sí significa que la globalización no puede –como el neoliberalismo lo supone– ser como el fluir suave de un líquido. Existen tres agregados principales, políticos y sociales, en el líquido. Primero, el siglo XXI tiene poco que ofrecer al rico mundo del norte, excepto la erosión, tal vez la pérdida, de su vieja hegemonía que fue también la base de su poder y del extraordinariamente elevado estándar de vida en su gente. Inevitablemente este mundo del norte se resistirá a los cambios, aunque sólo los Estados Unidos –con sus aspiraciones de supremacía de mano fuerte– pueden verse tentados a complementar su resistencia con medios militares. Segundo, la ausencia de autoridades globales efectivas y de un sistema de poder internacional, han creado una situación de gran inestabilidad política y social, turbulencias y gobiernos impotentes en muchas partes del mundo, efectos que durarán todavía algún tiempo. Tercero, las tensiones y desigualdades originadas por una globalización incontrolada, están generando una significativa resistencia popular que limita el campo de acción de los gobiernos neoliberales y de regímenes democráticos. Desde luego, se generarán movimientos de disidencia y rebelión populares.

Nos encontramos en el presente ante una fase de transición, de una economía mundial dominada por el Norte a una de nuevo esquema, probablemente de orientación asiática. Hasta que estas nuevas pautas queden establecidas, es probable que pasemos por algunas décadas de violencia, turbulencias económicas, sociales y políticas, como ha ocurrido en el pasado en similares periodos de transición. No es imposible que esto nos lleve a guerras entre países, sin embargo serán menos probables que en el siglo pasado. Quizá podamos esperar una relativa estabilidad global en algunas décadas, como las posteriores a 1945. Ciertamente la humanidad no se acercará a la solución de la crisis medioambiental del mundo, crisis que la propia actividad humana continuará fortaleciendo. ¿Cuál es la participación de Latinoamérica en esta prospección global? Ésta es una cuestión que ustedes como expertos pueden encarar mucho mejor que yo, que no lo soy.

jueves, 9 de noviembre de 2006

16 Nov 2006: "DÍA MUNDIAL DE LA FILOSOFÍA"

Afiche

LA UNESCO Y LA FILOSOFÍA

El objetivo de este día es animar a los pueblos del mundo a que compartan entre ellos su herencia filosófica, abriendo sus reflexiones diarias a las nuevas ideas, así como inspirar una discusión pública entre los intelectuales y la sociedad civil sobre los desafíos que enfrentan hoy nuestras sociedades.

Este año, del 15 al 18 de noviembre de 2006 en Rabat, por invitación del reino de Marruecos, el "Día Mundial de la Filosofía" será celebrado en esta tierra del diálogo y de la reflexión. Marruecos, ya habiendo sido el promotor de la causa por un "Día Mundial de la Filosofía" (una recomendación adoptada por el Consejo Ejecutivo en su 171ava sesión, en abril de 2005), confirma así su apego profundo por la filosofía, y por la abertura de todos y cada uno a la confrontación constructiva y libre ante las posiciones y opiniones del otro. Estando en la tierra del Maghreb, pero al mismo tiempo cerca del continente europeo, Marruecos ilustra perfectamente lo que puede llamarse "identidad mestiza": el cruce de religiones, de culturas, de memorias, de reconciliaciones y de aceptación de la modernidad.

Este año, tanto los filósofos como el público tendrán de nuevo la oportunidad de discutir temas variados. Una conferencia principal se centrará en "La filosofía y el mundo moderno". Varias mesas redondas se ocuparán de asuntos diversos, tales como "Filosofía, diversidad cultural y comunicación", "La modernidad y la condición femenina", "La filosofía y los obstáculos a una alianza entre las culturas", "Filosofía: enseñar, discutir y traducir","¿Que puede hacer la filosofía en el mundo árabe-mediterraneo?" o "La filosofía y el diálogo Norte-Sur: ¿Cuáles dificultades? ¿Cuál futuro?". Otros eventos también ocurrirán además de las tablas redondas, tales como un café filosófico, una feria del libro, una exposición de "arte vivencial", y un "Diálogo filosófico interregional: Asia y el mundo árabe".

La UNESCO está orgullosa de que el Día Mundial de la Filosofía 2006 se celebre en un país donde el respeto de las tradiciones es acompañado por un preguntar profundo (de naturaleza teórico-práctica) sobre democracia, la protección de derechos humanos, la armonía religiosa, el diálogo entre civilizaciones, etc.

Además, en la Sede de París, diversos eventos se realizarán entre el 13 y 16 de noviembre de 2006: una conferencia sobre "La filosofía como práctica educativa y cultural: una nueva ciudadanía" que abordará las nuevas prácticas filosóficas, particularmente la enseñanza de la filosofía a los niños (15-16 noviembre 2006). Otra conferencia, organizada en el marco de los acontecimientos que celebran "Un siglo con Lévinas", se centrará en "Lévinas-Blanchot, pensando la diferencia" (13-16 noviembre de 2006). Una exposición de pinturas de Philippe Maurice también ocurrirá en el local de la UNESCO, del 13 al 16 de noviembre de 2006.

Algunos pensadores han puesto a la "admiración" como centro de la filosofía. Es, de hecho, una consecuencia de la tendencia natural de los seres humanos a interrogarse sobre sí mismos y sobre el mundo en el que viven. Esta disciplina, que demanda "amor a la sabiduría", nos enseña a pensar el pensar, a cuestionar todas las verdades establecidas, a verificar todas las hipótesis y a buscar nuestras propias conclusiones. Desde siglos y en todas las culturas, la filosofía ha dado a luz a los conceptos, ideas y análisis, fijando así las bases para un pensamiento crítico, independiente y creativo.

Son los pensadores y los intelectuales quienes saben, quizás antes que los demás, cómo ha ocurrido el mestizaje de culturas y de civilizaciones a través de la historia, cómo los valores promovidos por las religiones se han cristalizado y adoptado, y cómo los principios nobles han atraído la dedicación de la humanidad entera. Todas estas interrogantes, y muchos otras, estarán en la agenda de la edición 2006 Día Mundial de la Filosofía.

Deseamos que, como sus ediciones anteriores, este Día Mundial de la Filosofía, acogido en el reino de Marruecos, sea un gran éxito, y que sus conclusiones sirvan a todos, investigadores y estudiantes, responsables políticos y poetas, funcionarios, y a todos esos "simples" curiosos, enamorados de la discusión y la reflexión filosóficas.

Hallado en: http://portal.unesco.org/shs/en/ev.php-URL_ID=10203&
URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html


[Traducción libre del inglés y francés por Francisco Ramos, con ayuda de Babelfish]