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martes, 21 de setiembre de 2010

NELSON MANRIQUE: "CÓMO ROBAR UNA ELECCIÓN"

COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

Cómo robar una elección

Nelson Manrique
La República Online, 21 de septiembre de 2010

Los 15 puntos que Susana Villarán le ha sacado de ventaja a Lourdes Flores han desencadenando un previsible terremoto político. En el Apra se profundiza la grieta que separa a García y la dirección de las bases. Desde la unidad de cuidados intensivos –a través de la columna de Mirko Lauer– don Armando Villanueva, el más grande líder histórico del Apra vivo, ha llamado a votar por Villarán. También ha llamado a votar por Susana Carlos Roca, cuya elección soberana como candidato a la alcaldía limeña por las bases apristas fue desconocida por la dirección del Apra siguiendo las directivas de García, para respaldar al fujimontesinista Alex Kouri.

Hay una saludable reacción ética en el Apra. Luego de que Kouri quedara fuera de juego García proclamó públicamente su apoyo a Lourdes (¿recuerdan que prometió mantenerse neutral en las elecciones?). La auditoría independiente a la gestión de Luis Castañeda que Susana ha prometido no estaba en su libreto. Lourdes, comprometida con Castañeda Lossio y llevando en su lista de regidores a su hijo, Luis Castañeda Pardo, daba garantías: prometía dejar la investigación del manejo de la economía de la alcaldía de Lima a las entidades del Estado, lo cual, para cualquier peruano medianamente informado, es asegurar que esas denuncias van a quedar en nada, como la del robo de 20 toneladas de documentos del archivo del ministerio de Salud –luego de que Hernán Garrido Lecca abandonó la dirección de ese ministerio–, o la del escándalo de los petroaudios, o la de los chuponeos realizados por BTS de Ponce Feijoo (a quien, según ha señalado Gustavo Gorriti, García encargó espiar a Ollanta Humala el 2006, premiándolo luego con un ascenso, a pesar de que ya había pasado al retiro; ¿o es que alguien cree que el chuponeo comenzó cuando Lourdes dijo “poto”?).

En la derecha, Aldo M., luego del fracaso de todas y cada una de sus campañas contra Susana, dedica unas pastillas para levantar el ánimo de Lourdes como para poner verde de envidia a Ricardo Belmont, en un divertido texto titulado “¡Dar la talla!” (Correo, 20/9/10). En él, le recuerda a Lourdes el fatal estado de ánimo en que se encontraba Simón Bolívar antes de lograr la victoria final sobre los realistas (¡vamos Lourdes, tú puedes!). No menos numantino es el título del artículo de José Barba: “La última batalla” (Correo, 20/9/10). Pero Barba es mucho más práctico. Su artículo podría titularse con propiedad “Manual práctico para robar una elección en la mesa de sufragio” y merece una reseña.

martes, 7 de setiembre de 2010

NELSON MANRIQUE: "EL FENÓMENO SUSANA"

COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

El fenómeno Susana

Nelson Manrique
La República Online, 7 de septiembre de 2010

Más allá de la elección para la alcaldía de Lima, la candidatura de Susana Villarán ha tenido el gran mérito de redefinir el panorama electoral nacional. Aun si no ganara esta elección –démosle por un momento esa ilusión a la derecha asustada– el salto desde la votación obtenida por las listas de izquierda en las elecciones generales del 2006 –que en ningún caso sobrepasó el 0.6%– al 20% que le otorgan a Villarán las encuestas a un mes de las elecciones es un fenómeno político de primera magnitud. ¿Qué ha cambiado?

martes, 9 de marzo de 2010

NELSON MANRIQUE: "YO NO SOY POLITÓLOGO (POR TI SERÉ, POR TI SERÉ)"


COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

Yo no soy politólogo (por ti seré, por ti seré)

Nelson Manrique
La República Online, 9 de marzo de 2010

Los comentarios de Martín Tanaka a mi libro “¡Usted fue aprista!”. Bases para una historia crítica del Apra (PUCP-CLACSO, 2009) abrieron un interesante debate sobre un abanico de cuestiones amplias y profundas. Quiero retomar algunos temas del debate teórico. Hasta aquí, Martín Tanaka ha aceptado que el conocimiento objetivo “es una quimera imposible de alcanzar” (una afirmación sorprendente para quien se define como “positivista”, aunque precise que “blando”), que el investigador nunca estará libre de condicionantes sociales, que debe hacer transparentes sus supuestos y valores; finalmente ha aceptado que él también tiene una ideología. Pese a todo, sigue creyendo que el investigador debe tratar de “ser neutral” y no parece dar suficiente importancia a aquellos sesgos sobre los cuales no tenemos un control consciente (otra vez la ideología), precisamente porque son inconscientes. Para usar una frase que le oí a Max Hernández: “aquello que no sabemos que sabemos”.

Hasta aquí la ideología era algo que afectaba a los demás, pero no a Martín Tanaka, como lo muestra su recurrente descalificación –desde una posición de neutralidad ideal– de quienes explicitan sus tomas de posición ideológica. Sin embargo, estas son útiles porque no solo nos ayudan a encarar mejor nuestros sesgos sino facilitan a la comunidad científica (cuyo consenso definirá finalmente si lo que estamos haciendo es ciencia o no) ejercer un mejor control sobre ellos. Por eso es pertinente el emplazamiento que César Hildebrandt hizo a Martín (no por divertido menos preciso): “muestre la camiseta por la que juega y sufre ... Lo que es patético es que se vista de negro y pretenda ser árbitro” (“Matar a la madre”, La Primera 16/02/10).

Alberto Vergara ha vuelto a reintroducir la cuestión en el debate: “Aquí quien ha lanzado la frase clave es Nelson Manrique: Tú también tienes ideología, le ha dicho a Tanaka. Y todos han secundado esta idea de que la crítica se realiza desde alguna posición política y, por lo tanto, no se debe ir por la vida pretendiendo la ‘objetividad’” (“Si el régimen político no es de izquierda, no es democrático (o el blues de los intocables)”, La República 28/2/10). Una apostilla importante: las ideologías políticas son claves, pero cuando hablo de ideología me refiero a un fenómeno mucho más amplio que aquel que estas cubren. Los problemas epistemológicos de la intervención de Vergara han suscitado comentarios muy interesantes de Gonzalo Gamio (“El debate sobre la objetividad o el argumento de ‘el muñeco de paja’ (Reflexiones sobre un artículo de Alberto Vergara)”, 2/3/10).

Por mi parte, concuerdo con la primera parte de la proposición de Vergara, pero planteo algunas precisiones a la segunda. Efectivamente, creo que para cualquiera que tenga alguna formación en ciencias sociales debiera ser evidente que todos estamos inmersos en la ideología –incluidos Vergara y Tanaka– pero señalarlo no tiene la finalidad de obligar a Martín a hacer un strep tease político –como Vergara parece creer– ni, menos, a descalificar la búsqueda de la objetividad. Creí, acaso ingenuamente, que estaría claro que la intención de mis objeciones era aportar en la búsqueda de una mayor objetividad, alcanzable “en la medida en que seamos capaces de poner bajo control nuestros sesgos conscientes e inconscientes” (“La objetividad”, La República 19/1/10).

No se trata pues, como concluye Martín Tanaka, de “transmitir el mensaje de que, como la objetividad no existe, solo existe la subjetividad, y por lo tanto todos estamos autorizados a decir lo que nos dé la gana y a defender aquello en lo que creemos sin ningún control” (“Sobre la objetividad y la ciencia social”, La República 28/1/10).

Martín Tanaka puso el tema del “justo medio” en el centro del debate sobre el método científico, pero este es un tema de ética y no de epistemología. Me permito sugerir otro, que –tengo la impresión– atraviesa lo que venimos discutiendo: qué entendemos por “la realidad”. Volveré sobre el tema.

martes, 9 de febrero de 2010

NELSON MANRIQUE: "EL JUSTO MEDIO"


COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN


El justo medio

Nelson Manrique
La República Online, 9 de febrero de 2010

Martín Tanaka, comentando mi artículo “La objetividad” (La República, 7/2/10), plantea algunas objeciones importantes: “Manrique –escribe Tanaka– plantea una discusión sobre el justo medio, y la plantea mal: el justo medio desde Aristóteles no es asumir equidistancia entre las posiciones ‘existentes en plaza’. Es buscar la posición correcta entre extremos definidos en el terreno teórico, o principista”. (M. Tanaka, “‘Objetividad’ y Ciencias Sociales”, 1/2/10).

En mi artículo, al criticar la opción del “justo medio” me refería a los investigadores que adoptan una posición que “consiste en declararse ‘neutral’ frente a aquello que se estudia” para situarse, desde esa opción, en relación con los temas que constituyen el motivo de los debates de su disciplina: “quien escoge el término medio asigna una posición a las ideas existentes en plaza (radicales o conservadoras, progresistas o reaccionarias, etc.) para luego buscar ubicarse en una posición equidistante de ellas”.

Supongo que queda claro que me refiero al “justo medio” entre las posiciones teóricas existentes y no a las cualidades personales de los investigadores.

Cuando Tanaka se remite a Aristóteles para responderme equivoca los niveles del debate. El tema que Aristóteles aborda en la Ética a Nicómaco (de la que Tanaka ha extraído sus reflexiones sobre el “justo medio”) es el de la búsqueda de la felicidad a través de la virtud, mientras que el tema que planteo es otro: la construcción de conocimiento. En la Ética... Aristóteles no busca, como sostiene Tanaka, “la posición correcta entre extremos definidos en el terreno teórico”, porque no está discutiendo sobre la teoría y su método, sino propone una guía para la vida virtuosa –que para él es la forma de alcanzar la felicidad– a través de crearse el hábito de seleccionar las opciones vitales guiándose por virtudes éticas definidas con relación a excesos y defectos: justicia, valor, prudencia, etc. Para discutir sobre la epistemología en Aristóteles habría que remitirse al Organon.

Que un investigador posea las virtudes que Aristóteles ensalza seguramente lo convertirá en un magnífico ser humano (y por supuesto me encantaría ser su amigo), pero esto no tiene relación con el tema de la producción de conocimiento, como podrían testimoniarlo Martín Heidegger y Karl Schmidt, grandes teóricos –filósofo uno y politólogo el otro– cuyas simpatías por el nazismo no los convierten precisamente en un ejemplo de ejercicio de las virtudes aristotélicas. Así que lamentablemente un investigador éticamente cuestionable puede hacer aportaciones valiosas, mientras que un dechado de virtudes éticas no necesariamente será un gran investigador.

Tanaka me hace una seria acusación: “Manrique cae en el viejo vicio de caricaturizar las posiciones contrarias para así rebatirlas fácilmente”. Puesto que en mi artículo –que respondía a Antonio Zapata– no aludí una sola vez ni a Tanaka ni a sus planteamientos, no veo cómo podría caricaturizarlos. Por supuesto, no voy a retacear su derecho a sentirse aludido, pero si se hace una acusación así se debiera señalar qué posiciones he caricaturizado.

Yendo al fondo del tema, me ratifico en lo que sostuve en mi artículo: en la producción de conocimiento la opción por el justo medio “alimenta un pensamiento parasitario... es una fórmula segura para la mediocridad: nos protege de cometer grandes errores, pero nos vacuna igualmente contra los grandes hallazgos”.

En su clásico libro La estructura de las revoluciones científicas (1962) Thomas Khun planteó un conjunto de cuestiones fundamentales para cualquier discusión sobre la metodología científica: la ciencia –señala Kuhn– avanza no por la acumulación de conocimientos sino por transformaciones cataclísmicas, los cambios de paradigmas (Gaston Bachelard acuñó el término “ruptura epistemológica”), que suponen quiebras radicales con el sentido común imperante en la comunidad científica en un momento dado.

Por supuesto, semejantes rupturas son impensables si uno se define en función del sentido común imperante; ese que terminará siendo demolido por las grandes rupturas.

En su texto, Martín insiste reiteradamente en una valiosa virtud que considera fundamental para el trabajo científico: la humildad. Creo que, para que esta sea auténtica, debe partir del reconocimiento de quién es uno. Y una pregunta de filosofía práctica puede ayudar a situarse (después de todo para Aristóteles la ética es parte de la filosofía práctica): ¿no será que yo también tengo una ideología?

martes, 19 de enero de 2010

NELSON MANRIQUE: "LA OBJETIVIDAD"

COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

La objetividad

Nelson Manrique
La República Online, 19 de enero de 2010

Existe una manera de abordar la objetividad en la investigación social que goza de una amplia aceptación. Esta consiste en declararse “neutral” frente a aquello que se estudia; así –según este razonamiento– los juicios que uno suscribe no serán distorsionados por sus simpatías o antipatías, por sus amores y odios. De aquí se desprende un corolario que guía la reflexión de numerosos investigadores: lo ideal es ubicarse en el justo medio.

Un primer problema de esta opción es que alimenta un pensamiento parasitario: quien escoge el término medio asigna una posición a las ideas existentes en plaza (radicales o conservadoras, progresistas o reaccionarias, etc.) para luego buscar ubicarse en una posición equidistante de ellas. Esta es una fórmula segura para la mediocridad: nos protege de cometer grandes errores, pero nos vacuna igualmente contra los grandes hallazgos.

El segundo problema, con mucho el más importante, es que la “neutralidad” en la investigación social es una ilusión. Como escribí en un artículo anterior, los seres humanos–incluidos por supuesto los investigadores sociales– somos producto de, y estamos contenidos en, la sociedad que pretendemos comprender. No somos pues un sujeto cognoscente situado fuera e independientemente del objeto que estudiamos sino somos su hechura. El idioma que hablamos, la identidad social que nos define (nacional, étnica, religiosa, de clase, etc.), las categorías con las que intentamos conocer el mundo, las ideologías, imaginarios, representaciones que adscribimos, etc., son hechos sociales que existen desde antes de nuestro nacimiento. Por otra parte, nacer en un hogar acomodado o en uno pobre, en la ciudad o el campo, dónde se estudia, tener por lengua materna el castellano, el quechua o el asháninka, etc., va a influir en la forma cómo vemos el mundo. A ello añadiremos nuestras propias experiencias y opciones.

¿Simpatizar con aquello que uno va a estudiar garantiza una buena investigación? No, si, por ejemplo, nos ciega ante las facetas de la realidad que no nos gustan, y esto vale igualmente si detestamos nuestro objeto de estudio. Lo esencial, creo (esto es una cuestión de temperamento), es que nuestro tema sea capaz de apasionarnos; pero esto, claro, es válido para toda empresa humana.

En nuestra forma de conocer, optar o decidir influyen muchos elementos que están por fuera de nuestro control consciente; ese es uno de los mayores hallazgos de las ciencias del hombre. Por eso es ilusorio pretender que por un acto de voluntad podemos ponernos por encima de las solidaridades sociales que hemos forjado, nuestros prejuicios, fobias y simpatías inconscientes, etc., para producir un conocimiento incontaminado. El escritor José Bergamín lo expresó en una frase muy aguda: “Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto (y soy subjetivo)”.

Por eso es ingenua la crítica de quienes creen decir algo muy profundo al atribuir errores al oponente explicándolos por su ideología, sin que se les ocurra que sus propias proposiciones tienen también un sustrato ideológico. El pensamiento más crudamente ideológico cree que la ideología distorsiona la percepción de los demás pero no la de uno mismo, porque uno piensa, limpiamente, “en científico”.

¿Es imposible entonces la objetividad? En las CCSS podemos hablar más bien de grados de objetividad, que pueden ser mayores en la medida en que seamos capaces de poner bajo control nuestros sesgos conscientes e inconscientes. La paradoja es que suele ser más objetivo quien es capaz de poner sus sesgos sobre la mesa en comparación con aquel que ingenuamente cree que no los tiene y que, al no reconocerlos, no puede controlarlos.

La ciencia, por otra parte, se construye en la confrontación de ideas y esta suele desarrollarse mejor cuando quienes participan en el debate son conscientes de sus sesgos y opciones ideológicas. Esa es la gran lección metodológica que brinda Mariátegui en la “Presentación” de sus 7 Ensayos… y que, obviamente, suscribo: “no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano … Es todo lo que debo advertir lealmente al lector a la entrada de mi libro”.

martes, 12 de enero de 2010

NELSON MANRIQUE: "UNA POLÉMICA"


COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

Una polémica

Nelson Manrique
La República Online, 12 de enero de 2010

La publicación de mi libro “¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del Apra” (PUCP-CLACSO 2009) ha provocado iras y entusiasmos, lo que no me sorprende. Pero sí me sorprende el espectro de reacciones que el texto ha suscitado, que van desde acres críticas de militantes apristas –recogidas en diversos blogs– y de Tony Zapata, hasta las de Javier Valle Riestra. Los apristas y Zapata consideran que soy antiaprista y que mi libro no reconoce ningún mérito a Haya de la Torre ni al Apra. Valle Riestra, por su parte, ha tenido la generosidad de calificar mi libro como “excelente” y ha llegado a la conclusión de que, en el fondo de mi corazón, soy aprista. Aunque, como JVR sabe, no soy ni nunca fui aprista, valoro especialmente su opinión, porque se trata de un hayista convicto y confeso y además protagonista de algunas de las coyunturas críticas que reconstruyo en mi libro.

Cuando un mismo libro puede provocar reacciones tan encontradas debe sospecharse que hay elementos que van más allá del texto –o que más bien son anteriores a él– que alimentan lecturas tan contrapuestas. Pre-juicios. De esta manera, el libro termina convirtiéndose en una especie de ecran, donde los lectores terminan proyectando imágenes que están más en sus ojos que en el texto mismo.

Se me acusa de no reconocerle ningún mérito a Haya ni al Apra, sin considerar que con relación al primero una y otra vez subrayo su carisma y gran capacidad como organizador, su extraordinario talento como ideólogo y político, su empuje en el trabajo, su ascetismo, su honradez y desapego con relación al dinero y los bienes materiales (véase la diferencia con sus seguidores), su gran valor, prácticamente demostrado al quedarse a conducir personalmente al Apra en la clandestinidad con riesgo de su propia vida, y más. Con relación al Apra, he testimoniado la mística a toda prueba de los apristas, su entrega a una militancia en que el partido se constituía en una familia alternativa, su integridad, disciplina y voluntad revolucionaria, su lealtad al jefe y el partido, etc. Es irónico que quienes han leído mi texto sin reparar en estos elementos me acusen de falta de objetividad.

Haya de la Torre corresponde a esa estirpe de personajes excepcionales que son excesivos tanto en sus virtudes como en sus defectos. Su retrato inevitablemente estaría incompleto si, junto con sus virtudes, no se registran sus grandes defectos. Ellos nos hacen humanos y la reacción de algunos apristas a las críticas a Haya pareciera provenir de la dificultad de pensarlo como un ser humano, grande en su acción y proyecciones, pero humano al fin.

Un problema importante que este debate ha suscitado es el relativo a la objetividad en la historia y las CCSS. Antonio Zapata (“El APRA de Manrique”, La República, 02/12/2009) considera que no soy objetivo por mi izquierdismo: mi falta de simpatía con Haya y el Apra. En un texto más reciente (“Denostar o aprender”, La República, 16/12/2009) Tony sugiere que se puede ser más objetivo si uno escoge un tema que no le suscite gran encono. Se trata de una propuesta discutible: el trotskista Isaac Deustcher ha hecho la más formidable biografía de Stalin y por cierto no era un admirador del dictador soviético. Eric Hobsbawm, el mayor historiador de la burguesía, no es, por cierto, alguien que la ame, y la lista podría seguir. Si la simpatía con aquello que se estudia fuera la condición para hacer una historia aceptable Haya estaría cubierto de obras maestras.

La objetividad, entendida como la neutralidad con relación a aquello que se estudia, es muy problemática con relación a las ciencias del hombre porque el sujeto investigador está contenido por el objeto que pretende estudiar: la sociedad. Este sujeto no puede pretender la distancia frente a su objeto como el biólogo que pone bajo su microscopio tejidos para estudiarlos. El historiador pretende estudiar la sociedad siendo hechura de ésta, desde el idioma que habla, la clase social a la que pertenece, la ideología que (consciente o inconscientemente) profesa, los prejuicios de los que está imbuido, etc. Quienes proclaman su neutralidad como investigadores simplemente testimonian su ingenuidad, al creer que pueden ponerse por encima de todos los determinantes sociales que les preexisten y, lo que es más importante, actúan más allá de su control consciente.

¿No es posible entonces la objetividad? La cuestión requiere más espacio. Volveré sobre el tema.

martes, 3 de noviembre de 2009

NELSON MANRIQUE: "CIENCIA Y FE"


COLUMNA EN CONSTRUCCIÓN

Ciencia y fe

Nelson Manrique
La República Online, 3 de noviembre de 2009

Los debates en torno al anticonceptivo oral de emergencia han desprestigiado al Tribunal Constitucional por la forma cómo ha cambiado de posición sin fundamentar su viraje, justamente cuando se encuentra bajo fuego –recuérdese la propuesta lanzada por el presidente del PJ, Javier Villa Stein, para eliminarlo–. Este tema, y el del aborto en circunstancias extremas, vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de la relación entre la ciencia y la fe.

Más allá del aborto y el AOE, la iglesia se opone a toda forma de control de la natalidad. Según su opinión (fundada en la “ley natural”, añadiría el cardenal Cipriani), cualquier forma de prevenir los embarazos que no sea el “método del ritmo” (la iglesia ya no habla mucho sobre él, supongo que por los reclamos de millones de fieles que realmente creyeron que se trataba de un método anticonceptivo) está contra la voluntad de Dios.

Imagino que el texto bíblico que será traído a colación es aquel del Génesis en que Dios dispone que los hombres y mujeres se multipliquen y pueblen la Tierra. Pero sería bueno recordar que el mandato de “creced y multiplicaos” fue dado a Noé cuando toda la humanidad equivalía a él y su familia. Desde entonces algunas cosas han cambiado. Según estudios de demografía histórica, durante toda la historia de la humanidad han vivido aproximadamente 60 mil millones de seres humanos. De ese total, la población actual, de la que formamos parte, asciende, según los últimos datos, a unos 6,800 millones. Constituimos pues el 11.3% del total de los seres humanos que han poblado la Tierra en toda la historia, y la continuación del crecimiento de la población humana a este ritmo haría sencillamente imposible la continuidad de la vida en el planeta.

Cuando se habla del desastre ecológico que hoy enfrentamos se piensa en la contaminación de la atmósfera y el efecto invernadero, pero suele perderse de vista cómo estos están relacionados con la creciente demanda de recursos alimenticios y energéticos que plantea una población mundial en continuo crecimiento. Nuestra necesidad de más y más recursos depreda la Tierra: ya estamos asistiendo a la desaparición de las selvas del mundo al mismo tiempo que la desertificación avanza, mientras destruimos el hábitat de miles de especies que condenamos a la extinción.

No se trata de discutir si debemos limitar el crecimiento de la población, sino de cuánto tiempo esperará la iglesia para tomar esa decisión inevitable. Aun si esta generación no lo hiciera, las próximas tendrán que hacerlo, pero en un planeta que estará en una situación mucho más grave, por nuestra responsabilidad.

La “ley natural” que suele invocarse contra el control de la natalidad decía también que la Tierra era el centro del Universo; por ponerlo en duda Galileo casi fue quemado vivo. Al Vaticano le tomó 500 años reconocer que en este caso la ciencia tenía razón frente a la fe.

No deja de ser irónico que quienes ahora se erigen como “defensores de la vida” sean precisamente el cardenal Cipriani, quien en Ayacucho puso un letrero que decía que no aceptaba denuncias sobre violaciones de DDHH, y Rafael Rey, quien en 1995 fundamentó en el Congreso la amnistía para los asesinos del Grupo Colina.

viernes, 30 de octubre de 2009

ENTREVISTA A NELSON MANRIQUE: "EN EL APRA NO HAY TRADICIÓN DE DEBATE"

LA OTRA MUERTE DE HAYA

"En el Apra no hay tradición de debate"

Entrevista a Nelson Manrique

publicada en la Revista "Quehacer" N° 175

por Martín Paredes y Eduardo Toche

Víctor Raúl Haya de la Torre fue un personaje decisivo para entender gran parte del siglo XX peruano, pero a su muerte física en 1979 se ha sumado otra: la de su pensamiento. Sus libros no se reeditan ni se discuten. Nelson Manrique, sociólogo e historiador, publicará próximamente “¡Usted fue aprista!” Bases para una historia crítica del Apra, una investigación que se aparta de la historia oficial del partido y echa luces sobre la biografía política de Haya y del Apra.

¿Por qué ahora un libro sobre el Apra, sobre Haya?

En realidad, no ahora, debería ser siempre. Conversando con Julio Cotler, me decía que era un escándalo que no haya una biografía sobre Haya de la Torre. Existen hagiografías, ese género medieval sobre historias de santos. En general, el Apra ha hecho mucho por esconder la información sobre el Apra y Haya. Es una política que se inaugura con Haya. No hay una correspondencia de Haya publicada; solo Luis Alberto Sánchez publicó la suya, que se detiene dos semanas antes de la instalación de la convivencia, en julio de 1956. En adelante hay tres cartas anodinas, a pesar de que Haya virtualmente estuvo fuera del país entre 1949 y 1970. Es imprescindible la correspondencia desde el comienzo del Apra hasta 1970. Pero nadie publica nada. Se escamotea información.

¿Por qué razón?

Porque hay demasiadas cosas difíciles de explicar en la biografía y en la trayectoria de Haya y del Apra. Los dirigentes apristas se amparan en una historia oficial que ya no resiste el más mínimo análisis, y la manera de sostener eso es cerrando toda la información sobre Haya.

¿Ocultar datos como cuáles?

Si tú publicas las obras completas de un autor, tratas de poner todo. Las obras completas de Haya no contienen la correspondencia, que es fundamental para la historia del Apra y de Haya. Hasta ahora no han creado un instituto de investigaciones sobre Haya. El museo no funciona. No hay algo equivalente a la editorial Minerva y su enorme labor de difusión de la obra de Mariátegui. Las obras de Haya fueron editadas como para no facilitar la investigación. No ponen los años en que los textos fueron publicados, no hay ninguna reseña crítica. Si tienes en cuenta el tiempo que el Apra ha estado en el poder, del 45 al 48, del 56 al 68, dos veces la presidencia entre el 85 y el 90, y entre el 2006 y el 2011, es increíble que no se haya hecho nada. No se trata de falta de recursos, sino de falta de voluntad política.

¿Por qué esa falta de voluntad? ¿Por qué no se quiere que se sepa?

Porque no hay manera de conciliar todo un conjunto de decisiones, opciones y virajes que se realizaron. Pero en lugar de abordar abierta y sinceramente la biografía del personaje, que es muy grande —Haya es grande en sus virtudes y en sus defectos, y es muy importante para el país, no solo para los apristas—, en lugar de abordar ese trabajo, los apristas han optado por cerrar la información.

¿Qué les resulta difícil presentar a los apristas, la convivencia, la coalición o hay cosas más delicadas?

Haya se ha convertido en una especie de recurso a la cita. Alan García puede demostrar, remitiéndose a Haya, que es hayista cuando expropia la banca en 1987, cuando se declara antiimperialista y respalda la revolución sandinista, cuando declara que va a negociar con el imperialismo y limita el pago de la deuda, y con la misma convicción puede decir que es hayista cuando realiza la política más entreguista. Lo que están haciendo Evo Morales, Chávez y Correa es, en buena cuenta, lo que Haya proponía en El antiimperialismo y el Apra, un Estado antiimperialista que acoge al capital imperialista pero le pone condiciones y negocia en defensa de la soberanía. Y tienes al Apra en una posición extrema. Esos son los grandes enemigos, el gran aliado es Uribe, el gobierno más entreguista de América Latina. Es un poco incómodo ver qué es Haya verdaderamente y es más cómodo sacar la cita adecuada en el momento adecuado. Eso crea descontento en las propias bases juveniles apristas.

En el ochenta se decía que mientras Villanueva encarnaba un aprismo basado en El antiimperialismo y el Apra, Townsend era el aprismo encarnado en Treinta años de aprismo. ¿El aprista sigue bajo esas dos perspectivas, bajo esa tensión?

En los últimos años se ha venido purgando a los sectores radicales del Apra. Si revisas los blogs, vas a encontrar personas purgadas del Apra que siguen defendiendo las posiciones de El antiimperialismo y el Apra. A nivel juvenil, la cosa es más compleja. Hay sectores que están por recuperar una visión más radical, pero diría que el reclamo mayor es el de una ideología. No hay ninguna ideologia y el Apra corre el riesgo de convertirse en una agencia de empleos. Para un sector del Apra, es eso en estos momentos. Hay sectores que están reclamando una identidad, una ideología, una línea a la cual adscribirse y no simplemente alinearse a cada acomodo.

¿El Apra es hoy un partido sin ideología?

Sí, creo que no tiene más ideología.

¿Qué tiene que ver el aprismo de Haya con la serie de artículos de “El perro del hortelano” de Alan García?

En el último texto que publicó, Alan García afirma que eso es lo que diría Haya de la Torre si estuviera vivo. Si nos remitimos a lo que Haya pensaba en el momento de su muerte, había dos temas fundamentales que él esperaba sacar en la Asamblea Constituyente: la definición del Perú como una república de trabajadores manuales e intelectuales, y el Congreso Económico Nacional. Según Haya, el gran aporte de su pensamiento a la teoría política de Occidente era un poder organizado sobre la base de cuatro poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y el Congreso Económico. Si revisas los debates de la Asamblea Constituyente cuando Haya estaba agonizando, los apristas ya no están tratando de sacar adelante las tesis, sino que se dé el nombre de esas tesis a cualquier contenido. Al final no funcionan. Cuando digo que el Apra no tiene ideología es porque lo que dice Alan García puede cambiar mañana, y los apristas lo van a suscribir igualmente. No veo que la posición de Alan García sea un desarrollo orgánico de las posiciones del Apra. Es simplemente la concesión final a lo que fueron los aliados históricos del Apra. Haya decía que la razón de ser del Apra era el antiimperialismo. Tres días antes de la muerte de Haya, Armando Villanueva afirmaba que si el imperialismo no existiera el Apra no tendría razón de ser. De eso a lo actual no hay por dónde encontrar una línea de continuidad.

En los debates dentro del Apra todos terminaban teniendo la razón. Dependía de a qué fuente te remitías, si a El antiimperialismo… o a Treinta años

Depende de qué periodo. El que yo trabajo termina cuando Haya muere. Y entonces nadie tiene la razón contra Haya. La democracia aprista no da para tanto.

A eso iba. A partir de 1980 en adelante, ¿cuántos apristas han leído uno o ambos libros? Para empezar, nunca fueron reeditados. La última edición fue la de Mejía Baca.

Eso es otro asunto interesante. Los libros de Haya no se publican por expresa prohibición de Haya. Lo dice Sánchez. Hay una anécdota que ya es extrema. Los apristas rebeldes, que van a formar el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, rompen con el Apra y deciden sacar una edición a mimeógrafo de El antiimperialismo y el Apra. He entrevistado a la gente que picó los esténciles. El mayor problema que tienen es que los búfalos están desesperados intentando destruir la edición para que no circule. O sea, no solo no se edita a Haya, sino que se trata de impedir que sus textos circulen. ¿Por qué se publica en 1971? Porque Velasco ya está haciendo las reformas y Haya tiene que demostrar que él habló de eso en 1936.

¿Para los apristas Haya es un recuerdo?

Ojalá fuera un recuerdo. Es esa especie de ícono que se encierra en una urna. Te aseguro que la mayoría de apristas citan a Haya y no lo han leído. La renovación de la política peruana, la refundación de los partidos, araña a todas las organizaciones o lo que queda de ellas. En el caso del Apra, lo que tiene de peculiar es que a estas alturas el Apra es más un apéndice de Alan García que Alan García un integrante del Apra. Eso mismo ayuda a entender el porqué de este derrotero de olvido y silencio en torno a la historia del Apra y de su fundador.

¿Haya no quiso reeditar en vida su obra completa porque no estaba seguro de ella o porque pensaba que sus tesis estaban desfasadas, eran endebles intelectualmente?

Cuando comencé la investigación pensé que era eso. Luego, una de las conclusiones a las que llegué es que, desde la fundación del Apra, Haya desarrolla una política dual. El primer hecho político público de Haya es el lanzamiento de su candidatura presidencial con el Partido Nacionalista Libertador en 1928. Este lanzamiento provoca la ruptura con Mariátegui. Paralelamente, Haya sostiene que está preparando una insurrección con un agente suyo, el capitán Felipe Iparraguirre, que ha ido a Piura para levantar un ejército de 2500 obreros petroleros para marchar sobre Lima. En varias cartas, Haya afirma que su candidatura era una maniobra de carácter demoliberal para encubrir el verdadero movimiento de insurrección. La insurrección solo existe en esa carta. Haya continuamente busca llegar al poder por la vía electoral, y al mismo tiempo afirma que está haciendo un proyecto insurreccional. No solo va a decirlo, sino va a promover la organización de aparatos insurreccionales dentro del Apra, lo que va a provocar muchos desastres. ¿Por qué esta ambivalencia? Porque desde sus orígenes, Haya tiene que tratar de conciliar el intento de llegar al poder por la vía electoral con la radicalidad de las bases que ha captado. Un contingente popular fundamental del Apra de la primera época son los trabajadores anarquistas. El propio Búfalo Barreto, que dirige el asalto al cuartel O’Donovan, no es trujillano como dicen, sino del Callao; fue obrero estibador y anarquista. Muchos de estos anarquistas entraron al Apra convencidos de que el Apra quería hacer la revolución. Haya alimenta este discurso insurreccional al interior del Apra y, al mismo tiempo, busca salidas electorales o a un general amigo, ya no una insurrección sino una conspiración militar para un golpe que abra el camino a unas elecciones que debe ganar. La escopeta de dos cañones existe desde el comienzo del Apra. Y es algo que se ha mantenido como una herencia. En los primeros años de este gobierno, Alan García y Del Castillo afirmaron que se quedaban con la Constitución del 93 de Fujimori, y al mismo tiempo Mauricio Mulder decía que el partido se ratificaba en volver a la Constitución del 79. Eso no es un viraje en la historia del Apra; es el Apra misma, es su cultura política.

Siempre se supuso que el Apra era un partido instrumentalizado por la persona. Se debilita luego de la muerte de Haya y treinta años después el partido sigue subsistiendo. ¿A qué atribuyes eso?

Hay dos personajes del siglo XX que han pulsado una cuerda de la sensibilidad popular peruana de consecuencias mayores: Haya y Abimael Guzmán. A muchos apristas les indigna esta comparación. Quiero subrayar que, éticamente, no hay punto de contacto entre Guzmán y Haya, tampoco entre sus proyectos en cuanto a los objetivos, pero en cuanto a la concepción del liderazgo, el papel de jefe máximo del partido y la jefatura en el caso de Sendero Luminoso, esta concentración del poder, esta imagen religiosa organizada en torno al caudillo y este estímulo a esta relación vertical entre el líder y las bases, es muy semejante. Es cuestión de explorar por qué ese tipo de cuerda puede hacer vibrar a los peruanos. Creo que tiene que ver con la herencia judeo-cristiana, pero tendríamos que retroceder al siglo XVI.

Luego de la muerte de Haya lo que tenemos es el paulatino declive de su figura dentro del partido. Los apristas lo conocen cada vez menos y cada vez más es una cuestión referencial, pero eso no significa el debilitamiento del partido. Los peruanos seguimos considerando al Apra como el partido más importante. ¿Cómo pudo sobrevivir el Apra a la figura determinante de Haya?

Es extraordinario si se considera la magnitud de la crisis en el año 1980, no solo por la muerte de Haya sino por el vínculo de un sector con [el narcotraficante] Carlos Langberg, quien financió la campaña presidencial de Armando Villanueva y la compra de Villa Mercedes. El intento de lanzar el museo de Haya termina en un escándalo por eso. Las personas tienen un papel en la historia y el papel de Alan García fue fundamental. A pesar de ser armandista en su momento, fue capaz de capitalizar el enorme desgaste para producir el recambio generacional que permitió la presidencia en 1985. Pero este no es solo un tributo a la muñeca de García para manejar esto, sino también a la enorme fuerza del Apra como partido para sobrevivir a pruebas de esta magnitud.

Alan sería, en ese sentido, un heredero de Haya. Es el factor que cataliza los sentidos integradores del partido. Al regreso de García en el 2001, el Apra pasa de 4% a 48% en las elecciones.

Por eso la pregunta es quién contiene a quién. El Apra a García o García al Apra. Creo que es lo segundo.

¿García podría prescindir del Apra en su carrera política?

No estoy seguro. Lo hubiese creído el año 2006, pero, sorpresas de este país, tenía, confieso, mayor fe en la labia de García. Las encuestas demuestran que la gente ve a García como un mentiroso. García necesita al Apra y el Apra lo necesita a él. La voluntad de García va a ser determinante en lo que pase con el Apra en las próximas elecciones.

Uno de los fetiches apristas es mostrar su foto al lado del jefe, de Haya. Y parece ser que es más aprista el que esté más cerca de Haya en la foto.

Sería interesante hacer un estudio en los blogs de quién tiene la mejor foto con Haya. Durante el gobierno de Velasco, Haya se preocupa de mantener un perfil bajo para no correr el riesgo de una deportación, porque el Apra se estaba jugando su existencia en ese momento. Los velasquistas estaban haciendo todo lo que el Apra prometió. Cuando Haya dice que Velasco copia el programa máximo del Apra de 1931, tiene razón. El principal asesor de Velasco, Carlos Delgado, fue secretario personal de Haya. En una entrevista personal, Julio Cotler me contó que Haya se refería a la salida de Carlos Delgado como a haber perdido a un hijo. Era su sucesor. Para Haya, la manera de garantizar la continuidad del Apra era volcarse sobre los jóvenes. Por eso no es raro que muchos jóvenes de entonces tengan fotos con Haya.

Desde la izquierda, qué lecturas se pueden hacer de las relaciones con el Apra.

Pregúntenle a Cucho [Agustín] Haya de la Torre (risas).

Pudo ser otra la historia de las relaciones Apra - izquierda.

La izquierda hubiese tenido que ser otra. La izquierda que sobrevive a Mariátegui es enormemente mediocre. Después de la muerte de Mariátegui, en Hoz y martillo, el vocero del Partido Comunista en la clandestinidad, se plantea como la gran tarea del partido la “desmariateguización”. El mariateguismo es tan pernicioso, lo dicen textualmente, como el Apra y el anarquismo. No hay una izquierda que pueda ser una interlocutora importante ni a nivel de masas ni de elaboración. Lo que queda entre ambos partidos es un intercambio de invectivas e insultos. Es interesante saber, por testimonios de jóvenes apristas de los setenta, que Haya sí intentó alimentar una posición de debate e incitar a los jóvenes apristas a ir a debatir con los marxistas universitarios. Ahí sí hubo un interés de abrir el Apra al debate. Es una pena que no permaneciera como una tradición. Eso hubiese sido muy saludable para el país en su conjunto.

¿El antiaprismo nace con el aprismo? ¿En quiénes está encarnado el antiaprismo?

El debate entre Haya y Mariátegui es amargo, básicamente epistolar. Pero lo que conocemos como el debate Apra izquierda es muy dogmático, muy sectario. Para los comunistas, los apristas son social-fascistas; para los apristas, los comunistas son agentes de Moscú. En el Apra no hay tradición de debate. Testimonios de varios apristas de la época señalan como una razón que les atrae del Apra que son gente de acción, mientras que los comunistas se pasan el tiempo discutiendo.

Es paradójico que Alan García publique los artículos de “El perro del hortelano” en El Comercio, un diario históricamente antiaprista.

Ahí hay una ironía de la historia. Las familias propietarias de El Comercio ahora, los Miró Quesada y los Graña, tienen ilustres antecesores, directores de La Prensa y El Comercio, asesinados por el Apra.

¿Qué tanto necesita el Apra actualmente a Haya?

No creo que pueda existir el Apra sin Haya. La cuestión es para qué sirve Haya. Te invito a que busques un solo libro que utilice el espacio-tiempo histórico como teoría para demostrar algo. El espacio tiempo histórico se convirtió en una coartada para los virajes más increíbles. Haya pensó que estaba fundando una filosofía de la historia.