viernes, 16 de diciembre de 2011

FRANCISCO MIRÓ QUESADA: "REFLEXIONES CRÍTICAS SOBRE EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO"

FILOSOFEMAS

Reflexiones críticas sobre el servicio militar obligatorio

Francisco Miró Quesada Cantuarias
El Comercio Online, 11 de noviembre de 2011

Cuando era joven y estaba en la universidad existía el servicio militar obligatorio. Los universitarios lo hacían durante un año y quienes no eran universitarios servían dos. Había una gran corrupción, pues los padres de quienes no eran universitarios, si tenían fortuna, conseguían documentos que acreditaban a sus hijos como universitarios. Otros conseguían certificados médicos según los cuales sus hijos sufrían de alguna enfermedad que les impedía hacer cualquier tipo de servicio militar. Pero los que no eran hijos de personas pudientes eran cazados como liebres y no podían evitarlo.

Sin embargo, no todo era malo. En el cuartel aprendían algún tipo de actividad que, al término del servicio, les podían ser útiles, por ejemplo a leer. Mas el abandono de quienes eran enrolados era tan grande que con frecuencia los dos años se prolongaban a cuatro. La situación de los enrolados por la fuerza era terrible. Un día llegaba a un villorrio un grupo de soldados bien organizado y armado, y se llevaba a un joven que ayudaba a su familia en el trabajo de los comuneros para sobrevivir. Al dejar su comunidad, la pobreza del villorrio empeoraba y el joven no volvía a saber nada de lo que estaba ocurriendo en su familia, hasta que le dieran de alta. Por otra parte, el trato que recibían los conscriptos era durísimo. Sin exageración puede decirse que los trataban a patadas y llenándolos de insultos. Así era nuestro país en los años 30 y 40.


Mi padre que era incapaz de hacer cualquier maniobra para evadir la ley me dijo que tenía que cumplir con el servicio militar. Felizmente en aquella época estaba estudiando matemáticas, de manera que me pusieron en artillería. Nuestro director era un capitán muy bien preparado y en las primeras clases me trató mal. “A ver si tus delicadas manos pueden armar y desarmar un cañón”, me dijo. Pero el hecho es que pude hacerlo. Al poco tiempo armaba y desarmaba el cañón experimental, que no era muy grande.

Hasta ahora recuerdo algunos nombres como la cureña, que es la parte en la que se afianzaba el cañón. Además había que hacer cálculos matemáticos sobre la trayectoria de la bala, que se desplazaba parabólicamente, y tener en cuenta la velocidad del viento. A los dos o tres meses del curso, el capitán instructor y el que escribe estas líneas nos habíamos hecho grandes amigos.

He escrito lo que antecede porque hace pocos días el presidente Ollanta Humala soltó la idea de que sería conveniente restituir el servicio militar obligatorio, que estuvo en vigencia hasta la época de Fujimori, quien lo suprimió, aunque ya había decaído mucho.

¿Conviene restablecerlo? En mi opinión, no. Claro que las circunstancias actuales son diferentes a las que imperaban en los años 30 y 40. Pero de todas maneras deberían enrolarse no solo a comuneros pobres sino a universitarios, con todas las consecuencias que ya he anotado. Seguramente el trato sería más humano, pero de todas maneras se tendría que separar de su comunidad a personas cuyo trabajo es importante. Tal vez si es hijo único, no lo enrolarían, pero en la mayor parte de las comunidades las familias tienen muchos hijos de manera que el enrolamiento sería masivo.

Por otra parte, es seguro que los universitarios verían con malos ojos el restablecimiento del servicio militar. Esto afectaría la popularidad del gobierno que en estos momentos tan delicados, por los problemas que se han presentado en Cajamarca y otras regiones, necesita del apoyo de toda la población. No se debe olvidar que muchos universitarios tienden a ser bochincheros.

Lo que debe hacerse es mejorar la condición de nuestras Fuerzas Armadas y hacer propaganda para que los jóvenes se enrolen voluntariamente. Siempre hay vocaciones por la carrera militar y, si se actúa de la manera descrita, se puede tener la seguridad de que nuestras FF.AA. serán una verdadera élite.

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