Armando sabía que iba a morir. No lo digo en el sentido abstracto en el que todos lo sabemos –evitando, si es posible, recordarlo–. Creemos supersticiosamente que el silencio exorciza los fantasmas de la muerte y lo preferimos para no tentar al destino dramático que ha fabricado nuestro propio miedo. Armando Robles Godoy era diferente, no sé si a todos, pero sí a la inmensa mayoría. Hablaba de su propia muerte expresando, al hacerlo, una madurez de espíritu que pocos pueden exhibir y que contagiaba un inexplicable optimismo. La tragedia no entraba en sus palabras: todo era lógico, racional, con la distancia de quien está observando una situación semejante y ajena en la pantalla del cine.
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sábado, 14 de agosto de 2010
GUILLERMO GIACOSA: "ARMANDO ROBLES GODOY"
Armando sabía que iba a morir. No lo digo en el sentido abstracto en el que todos lo sabemos –evitando, si es posible, recordarlo–. Creemos supersticiosamente que el silencio exorciza los fantasmas de la muerte y lo preferimos para no tentar al destino dramático que ha fabricado nuestro propio miedo. Armando Robles Godoy era diferente, no sé si a todos, pero sí a la inmensa mayoría. Hablaba de su propia muerte expresando, al hacerlo, una madurez de espíritu que pocos pueden exhibir y que contagiaba un inexplicable optimismo. La tragedia no entraba en sus palabras: todo era lógico, racional, con la distancia de quien está observando una situación semejante y ajena en la pantalla del cine.
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