El discurso que profirió Mario Vargas Llosa ante la Academia Sueca y un numeroso público en el que había un grupo de peruanos que viajaron a Estocolmo para escucharlo, como el ministro de Cultura, Juan Ossio, Fernando de Szyszlo y otros más, fue tal vez su mejor novela. Fue un discurso, profundo y conmovedor.
“Aprendí a leer, a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida”. Aprender a leer a los 5 años no es poca cosa, es una precocidad extraordinaria. Desgraciadamente no dice a qué edad aprendió a escribir, pero es seguro que no sería mucho después. Aunque la precocidad no siempre es signo del genio, con mucha frecuencia sí lo es. Y en Vargas Llosa se cumple al pie de la letra ese hecho cuyo máximo exponente es Mozart.


