Café Filosófico 529
Café Clásico
Jr. Callao 181 – Pueblo Libre, Lima 21
(Alt. Cruce de Av. Sucre con Av. La Mar)
LA ENTRADA ES LIBRE Y EL CAFÉ ES GRATIS
Atentamente
José Maúrtua
Presidente de la Asociación Cultural Búho Rojo
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José Maúrtua
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Hace unos días Chomsky, el lúcido pensador estadounidense, ofreció una conferencia en México que dejó atónito a más de uno. Chomsky no necesita argumentos estrafalarios para sorprender. Le basta expresar conceptos que todos tenemos al alcance de nuestra inteligencia, pero que ha oscurecido la alienación impuesta por el poder mediático. Dijo Chomsky, por ejemplo, que “las elecciones en EE.UU. son montajes espectaculares, conducidos por la industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y el propio EE.UU., donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no fuera tan fácilmente controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas comprendieron que era necesario controlar las actitudes y las opiniones. Para ello había que controlar las elecciones”.
Legado. Este año se cumplen los 200 años del nacimiento de Charles Darwin y los 150 años
LOS FONDOS MARINOS
ANATOMÍA Y GEOLOGÍA
A inicios de la era moderna, el filósofo inglés Francis Bacon la caracterizó como portadora de una inusual voluntad de dominio y control, traducida en la conversión de todo lo existente en recursos cuya productividad había que optimizar incesantemente sobre la base del conocimiento científico. “Saber es poder”, había dicho. Hoy no cabe duda de que así es. Confirmándolo, la participación de países y bloques supranacionales en el mapamundi del poder coincide totalmente con los rankings mundiales de universidades, elaborados precisamente asumiendo que la variable saber –sobre todo en cuanto a producción de ciencia y tecnología- es hoy decisiva para la competitividad de las naciones.El presidente de Estados Unidos rechazó el pasado 21 de setiembre el pedido de siete ex directores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para que se detuviesen las investigaciones judiciales sobre las torturas y vejaciones a que fueron sometidos varios prisioneros cuando los estaban interrogando. Según dichos ex directores, la investigación obstaculizará un trabajo eficiente de la CIA.
Entre los firmantes de la carta se encuentran Michael Hayden y George Tenet, quienes estuvieron en funciones durante el gobierno de Bush, lo que no debería extrañar a nadie. Todos recordamos muy bien las barbaridades que se cometieron durante ese gobierno, no solo porque permitió que los prisioneros fueran torturados sino porque sin ninguna razón convincente decidió invadir Iraq, lo que costó al país miles y miles de millones de dólares, y un fuerte costo de vidas de soldados estadounidenses, así como una cantidad inmensa de muertes de iraquíes inocentes, por los atentados cometidos diariamente por fanáticos chiitas.
A pesar de esa advertencia de los agentes de la CIA, que habría asustado a más de un gobernante, Obama se mantuvo firme. “Sigo creyendo que nadie se encuentra por encima de la ley”, afirmó el presidente estadounidense. Para haber asumido una actitud como la de Obama se requiere una firmeza asentada en convicciones muy profundas. Lo que muestra que es un hombre íntegro.
En los actuales momentos lo que más interesa al mandatario es establecer un seguro de salud universal para todos los estadounidenses. Ratificó que el mencionado seguro no significará un aumento de impuestos para la clase media y afirmó que la ley tendrá que ser aprobada por el Congreso a pesar de que está dominado por los miembros del Partido Republicano.
Los republicanos se oponen al proyecto de seguro médico universal para todo el pueblo. Pretenden que cada ciudadano compre un seguro de salud, lo que es imposible para los hombres y mujeres de escasos recursos. Se trata de una actitud que no habla a su favor y que los presenta como personas duras que tienen solo interés en que las grandes empresas, muchas de las cuales están controladas por ellos, tengan el máximo de utilidades. Es difícil comprender por qué en intervalos que no son largos, conquistan el poder. La explicación más aceptable es que la permanencia del gobierno demócrata durante dos períodos de cuatro años puede desgastar su acción. Lo que habían empezado bien se va deteriorando poco a poco y esto produce un fuerte descontento entre los ciudadanos, que es aprovechado por los republicanos que, poseedores de grandes fondos, logran hacer una propaganda de alto nivel que convence a la mayoría de los votantes.
¿Cómo está la popularidad de Obama en los actuales momentos? Como era de esperar, ha bajado un poco, lo que no debe asombrarnos pues en una crisis económica tan grave como la que está sufriendo el pueblo estadounidense tiene que haber muchos descontentos. Pero ya hay signos de que la economía se está recuperando. Y cuando se recupere, la popularidad del presidente será nuevamente muy grande. La integridad ejemplar de Obama habrá superado todos los obstáculos.
Quienes vivimos las espantosas dictaduras que castigaron a América Latina hace unas décadas estamos horrorizados con esta resurrección de la pesadilla en Honduras. Una vez más, el extremismo, en este caso de derecha, exhibe su desprecio por el ser humano y su extraordinaria capacidad para mentir y ensuciar, con su basura ideológica, palabras e instituciones que pertenecen a personas con otra estatura moral. Escuchar a Micheletti hablar de paz, libertad y democracia, y ver –como exhibe la televisión– lo que ocurre en esa pequeña nación centroamericana, es una burla insufrible. Honduras es hoy una avanzadilla experimental de los sectores extremistas para medir las reacciones tanto del pueblo concernido como de la comunidad internacional. Jr. Callao 181 – Pueblo Libre, Lima 21
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¿Quién está detrás del usurpador Micheletti para que este sea capaz de reincidir en el ridículo de manera tan reiterada? ¿Qué cambios se están produciendo en la conciencia ciudadana de los hondureños, otrora silenciosamente obedientes a las órdenes que bajaban del norte, para desafiar a las bayonetas, los gases y la estupidez del gobierno de facto? ¿Qué margen de maniobra tiene Obama en una situación en la que los acontecimientos indican que carece del control de sus propias fuerzas? ¿Qué grado de confianza puede inspirar un gobierno como el de los Estados Unidos que no osa llamar 'golpe de Estado’ a lo que, salvo mejor opinión de Álvaro Vargas Llosa, es un golpe de Estado al que no le ha faltado ninguno de los ingredientes que lo tipifican? ¿Cómo ha podido mentir impunemente gran parte de la prensa internacional afirmando que Zelaya pretendía su propia reelección? ¿Qué proyección histórica adquiere el conjunto de esta parte del continente –liderada por Brasil– cuando el presidente de ese país afirma que “no aceptaremos que alguien se crea con derecho a sacar de su cargo a una persona elegida democráticamente”? ¿Es una casualidad que el retorno de Zelaya a su patria coincida con la celebración de la Asamblea General de las Naciones Unidas? Estas preguntas, que deberían multiplicarse y responderse atendiendo a una perspectiva histórica que exceda el marco de los intereses personales, son solo un bosquejo al que todos debiéramos contribuir, con nuestras dudas y nuestras certezas, pues están en juego valores que sobrepasan, largamente, el caso que nos ocupa en esta ocasión. 
Álvaro Vargas Llosa pasó por la Argentina y se reunió con toda la gente a la que yo tendría dificultad hasta de mirarle a la cara, pues muchos de ellos han sido cómplices directos o indirectos de la última y espantosa dictadura militar, como Mariano Grondona si a alguien le hace falta un ejemplo. 
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José Maúrtua
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Comentando la situación de la educación universitaria en el Perú, dábamos cuenta de una absoluta ausencia de mecanismos de regulación y garantía pública de estándares mínimos de calidad académica, graficada en hechos escandalosos como la existencia de cientos de filiales compitiendo en la venta de grados y títulos universitarios con los falsificadores del jirón Azángaro; de las cuales, en el colmo de la anomia, la mayor cuota corresponde a una “universidad” –con ello, también la de mayor matrícula en el país– cuyo funcionamiento nunca fue autorizado por el único organismo público que tiene potestad para ello: CONAFU.
La revista alemana Stern, que ha hecho y hace parte del coro que acompaña y apoya las políticas neoliberales, se pregunta, respecto a su propio país, sobre el modelo teórico del capitalismo moderno con un artículo llamado '¿Qué hacer contra la desigualdad?’, y subtitula: “Dos terceras partes de la población alemana no poseen casi nada, mientras que apenas una décima parte posee el 60% de la riqueza”. Y vuelve a decir: “Nuestra sociedad se divide, cada vez más, entre los ricos que se hacen más ricos y los que no tienen nada”. Estos datos pertenecen al texto del ensayista y periodista argentino Osvaldo Bayer y me llevan a interrogarme sobre cómo puede funcionar el goteo –'chorreo’, según Toledo– en países pobres como el Perú, cuando en naciones ubérrimas y ejemplares en la aplicación del modelo, las distancias sociales y económicas no solo no se han acortado, sino que, por el contrario, se han agigantado. Y han crecido a un extremo tal como para que una publicación como Stern se sienta obligada a preguntarse sobre qué debe hacerse. Esta actitud, en un medio de comunicación de tanto peso, o bien expresa una inocencia que no debiera ser propia de quienes tienen la obligación de observar la sociedad con ojo crítico, o bien es un acto de absoluta hipocresía para producir un rápido lavado de conciencia destinado a ser olvidado en el próximo número. Bayer señala que estas diferencias se han agudizado con la crisis pues los mismos que la provocaron han creado mecanismos para sacar máximo provecho de ella.
En la inauguración del Seminario de Enseñanza de Filosofía que se realizó a comienzos de agosto aquí en Perú, Francisco Miró Quesada Cantuarias planteó algunas ideas sobre la posibilidad de la enseñanza de la filosofía*.
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Vengo insistiendo desde hace tiempo en que por detrás de la crisis actual económico-financiera actual hay una crisis de paradigma civilizatorio. ¿De qué civilización? Se trata obviamente de la civilización occidental, que a partir del siglo XVI fue mundializada por el proyecto de colonización de los nuevos mundos.Este tipo de civilización se estructura en la voluntad de poder-dominación del sujeto personal y colectivo sobre los otros, los pueblos y la naturaleza. Su arma mayor es una forma de racionalidad, la instrumental-analítica, que compartimenta la realidad para conocerla mejor y así someterla más fácilmente. Después de quinientos años de ejercicio de esta racionalidad, con los innegables beneficios que ha traído y que encontró en la economía política capitalista su más cabal realización, estamos constatando el alto precio que nos ha hecho pagar: el calentamiento global, inducido en gran parte por el industrialismo sin límites, y la amenaza de una catástrofe previsible ecológica y humanitaria.
Estimo que todos los esfuerzos que se hagan dentro de este paradigma para mejorar la situación serán insuficientes. Serán siempre más de lo mismo. Tenemos que cambiar para no perecer. Es el momento de inspirarnos en otras civilizaciones que ensayaron un modo más benevolente de habitar el planeta. Lo que fue bueno ayer, puede valer también para hoy.
Tomo como una de las referencias posibles el zenbudismo. Primero, porque ha influenciado todo el Oriente. Nacido en la India, pasó a China y llegó a Japón. Después, porque ha penetrado ampliamente en estratos importantes de Occidente y de todo el mundo. El Zen no es una religión. Es una sabiduría, una manera de relacionarse con todas las cosas de tal forma que se busca siempre la justa medida, la superación de los dualismos y la sintonía con el Todo.
Lo primero que hace el budismo zen es destronar al ser humano de su pretendida centralidad, especialmente del yo, núcleo básico del individualismo occidental. Él nunca está separado de la naturaleza, es parte del Todo. En seguida, procura una razón más alta que está más allá de la razón convencional. Se niega a tratar la realidad con conceptos y fórmulas. Se concentra con la mayor atención posible en la experiencia directa de la realidad tal como la encuentra.
«¿Qué es el zen?» preguntó un discípulo al maestro. Y éste respondió: «las cosas cotidianas; cuando tienes hambre, comes, cuando tienes sueño, duermes». «¿Pero no hacen eso mismo todos los seres humanos normales?» -atajó el discípulo. «Sí» ―respondió el maestro― «los seres humanos normales cuando comen piensan en otra cosa, cuando duermen, no pegan ojo porque están llenos de preocupaciones». ¿Qué significa esta respuesta? Significa que debemos ser totalmente uno en el acto de comer y totalmente entregados al acto de dormir. Como ya decía la mística cristiana Santa Teresa: «cuando gallinas, gallinas, cuando ayuno, ayuno». Esta es la actitud zen. Empieza por hacer con la máxima atención las cosas más cotidianas como respirar, andar y limpiar un plato. Entonces ya no hay dualidad: estás todo tú en todo lo que haces. Por eso, obedece a la lógica secreta de la realidad sin la pretensión de interferir en ella. Acogerla con el máximo de atención nos hace integrados porque no nos distraemos con representaciones y palabras.
Esta actitud le ha faltado al Occidente globalizado. Estamos siempre imponiendo nuestra lógica a la lógica de las cosas. Queremos dominar. Y llega un momento en que ellas se rebelan, como estamos constatando actualmente. Si queremos que la naturaleza nos sea útil, debemos obedecerla.
No dejaremos de producir y de hacer ciencia, pero lo haremos con la máxima conciencia y en sintonía con el ritmo de la naturaleza. Orientales, occidentales, cristianos y budistas pueden usar el zen de la misma forma que peces grandes y pequeños pueden morar en el mismo océano. Es otra forma de vivir que puede enriquecer nuestra cultura en crisis.