lunes, 20 de abril de 2009

GUILLERMO GIACOSA: "LOS PELIGROS DEL PENSAMIENTO ÚNICO"


Los peligros del pensamiento único

Guillermo Giacosa
Perú 21 Online, 20 de abril de 2009

El escritor español José Luis Sampedro se preguntaba, en un debate, por qué ningún banquero vinculado a la crisis pagaba con inhabilitación para sus funciones la responsabilidad en la misma. Cree, no sin razón, que de no ser así mañana fundan otro banco y vuelven a cometer las mismas tropelías. Opina que el sistema está para eso, a menos que del descalabro actual surjan regulaciones que restrinjan la libertad operativa de esos caballeros. Luego contó una anécdota que no me resisto a reproducir pues grafica el alma de lo que ocurre en un sistema diseñado para que los de arriba sigan subiendo y los de abajo esperando un hipotético chorreo.

“Cuando en España –relata Sampedro– se implantó hace cincuenta años el plan de estabilización, ocurrió que en un año determinado (1957) bajó la renta nacional, esto es, España produjo un poco menos, lo que no impidió que los bancos ganasen un poco más. Se le hizo entonces una entrevista a un banquero importante en aquellos años, don Pablo Garnica, del Banco Español de Crédito, y el periodista le dijo: 'Pero bueno, don Pablo, ¿cómo es posible que cuando el país produce menos, los bancos, en cambio, ganen más?’. Don Pablo Garnica, con la verdad más honesta, respondió candorosamente: 'No lo hemos podido evitar’. Esto es rigurosamente histórico: 'No lo hemos podido evitar’. Y prosigue: '¿Por qué no pudieron evitarlo?’. 'Porque el sistema está para que gane la banca, como en las ruletas de los casinos. El sistema es para eso. ¿Qué quiere decir capitalismo? Que es del capital: pues que gane el capital’”.

En ese debate se habla de algo que, quienes objetábamos la avalancha ideológica neoliberal, debimos soportar también por estas tierras. Nos llovieron epítetos tales como populistas, comunistas, atrasados, cavernarios, ignorantes y, en mi caso, algunos recuerdos para mi madre e invitaciones para abandonar el país y dirigirme a un ignoto lugar llamado mierda. Pocas, pero las hubo. Resulta curioso que quienes dicen defender la libertad no le otorguen al prójimo la libertad de pensar diferente. Que sean incapaces de comprender que el disenso enriquece todo, incluso la comprensión de nuestras propias ideas. Nada más empobrecedor que el pensamiento único, sea este del color político que sea. Solo puedo entender la aceptación acrítica del neoliberalismo, como el resultado de una abrumadora unanimidad en los medios de comunicación que, operando como una aplanadora ideológica, emparejó el suelo de tal manera, que hasta los que perdían, creían estar marchando en pos de un futuro mejor.

He leído artículos que, vistos a la luz de los últimos acontecimientos, resultan absurdos y he escuchado, con vergüenza ajena, personas que hasta entonces respetaba, responder a objeciones sensatas con sorna y risas. Triste espectáculo de empobrecimiento intelectual que es una secuela secundaria, pero no menos grave, de esta marea que hipnotizo la sociedad prometiéndole el paraíso y terminó en una encrucijada que ignoramos a dónde conduce.

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