martes, 2 de febrero de 2010

GUILLERMO GIACOSA: "EL CIUDADANO GLOBAL"


Las consecuencias de la masificación de la noticia

El ciudadano global

Guillermo Giacosa
Perú 21 Online, 2 de febrero de 2009

El ciudadano global tiene información sobre todo. Nada en línea de flotación, sobre todo, pero jamás se sumerge en nada. Si lo hiciera, podría ahogarse al comprender cuántas falsedades ha incorporado, cuántas muletillas alimentadas con mentiras ha repetido y cuán diferente es el mundo real al mundo que diariamente nos regala la prensa oficial. El mayor número de personas –casi siempre– prefiere confiar en la verdad que ha internalizado, aunque esta verdad sea escandalosamente falsa, y más ante las evidencias que exhibe la realidad. Ha armado un mundo que se descalabraría si pretendiese mirarlo con ojos libres del filtro que, lenta e insidiosamente, el orden establecido ha ido montando en su cerebro. Y nadie opta por el descalabro.

Sabemos que provoca angustia y nos deja transitoriamente sin piso. Es verdad que la otra opción, la opción de filtrar todo a través de la lente que ofrece el mundo oficial, nos obliga a renunciar al don más precioso de nuestra condición humana: la libertad. Pero así es más cómodo, se está en consonancia con mayor número de personas y se siente la benefactora sensación de estar navegando hacia un puerto seguro. ¿Hubo una crisis gigantesca e inesperada para el desinformado ciudadano global? Pues sí, la hubo, pero aun con la crisis respirándonos en la nuca, la mayoría de los medios de comunicación de masas, cantando a dúo con muchos políticos dedicados al arte de vender baratijas, armaron un tinglado de respuestas tranquilizadoras que, aunque nada tengan que ver con lo que realmente está ocurriendo, cumplen con su función esencial: mantener los mecanismos del sistema económico en terapia intensiva haciéndonos creer que ese dramático habitáculo imaginario es una colonia de vacaciones o un hotel cinco estrellas. Todo va a marchar bien mientras creamos que está marchando bien. El resto es sabotaje.

Y así será hasta que la realidad vuelva a torcerle el brazo a la ficción, como ocurrió con la burbuja hipotecaria que estalló en los Estados Unidos pero cuyas esquirlas alcanzaron a todo el planeta, y haya que armar un nuevo tinglado de justificaciones que nos exima de afrontar críticamente un mundo desgastado por los abusos demenciales cometidos contra el medio ambiente y envenenado por la corrupción y las desigualdades sociales que el sistema, a pesar de todos los cuentos que nos cuenta, no logra realmente desterrar.

El ciudadano global prefiere no saberlo. El juicioso editorial de algún 'diario serio’, servido como desayuno, le será suficiente para recuperar su confianza en el orden establecido y para, desprovisto del molesto sentimiento de responsabilidad individual, seguir hundiendo y revolviendo el puñal en la llaga lacerada de las contradicciones que no somos capaces de enfrentar.

El ciudadano global prefiere seguir haciendo prolijos planes sobre los colores con los que pintará su habitación matrimonial mientras el resto de su casa y el vecindario está comenzando a ser devorado por las llamas.

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