sábado, 28 de marzo de 2009

ENTREVISTA A MARIO BUNGE: "NO HAY REGLAS PARA PLANTEAR PROBLEMAS O IDEAS NUEVAS"


"No hay reglas para plantear problemas o ideas nuevas"

Entrevista a Mario Bunge
por José Gabriel Chueca (diario Perú 21)


Invitado por la Universidad Garcilaso de la Vega, ofreció un curso de Filosofía Política el reconocido filósofo y científico Mario Bunge, visitante regular de esta casa de estudios. Conversamos con este defensor de la razón, en tiempos en que esta parece cada vez más ausente.


"A los 17 años decidí estudiar en serio. Estudié filosofía por mi cuenta y también leí muchos libros de divulgación de física teórica. Decidí hacerme filósofo de la ciencia, para lo cual me inscribí en el doctorado de ciencias físico matemáticas de la Universidad de la Plata. Me entusiasmé con la física”, recuerda Mario Bunge.

Era la ciencia más avanzada.
Era lo que es hoy la biología molecular o la psicología biológica. Había novedades a cada momento. Tuve la suerte de que, en el 43, llegara un refugiado austríaco, un físico teórico, que me tomó bajo su ala. Me sugirió trabajar en física nuclear.

Fue en Europa Central donde nació la física nuclear.
Pero no tenía nada que ver con la bomba nuclear, que fue inventada por ingenieros, no por físicos. Me apasionaba también la cuestión ideológica. Estaban influenciando en Argentina las filosofías irracionalistas importadas de Alemania. Eran enemigas de la razón y la ciencia, típicas de los regímenes fascistas. Yo saqué una revista en el 44, Minerva, con la idea de hacer un frente racionalista. Quería reunir positivistas, marxistas, tomistas… todos aquellos que tuvieran fe en la razón.

Interesante: detrás de la razón hay un acto de fe.
Sí. Pero no es como una inversión financiera, de fe ciega. Si usted confía en la razón, la va a usar y, si la usa, obtendrá resultados, que podrán ser evaluados objetivamente y ser discutidos en forma racional. A diferencia de lo que pasa con los posmodernos, con los que no se puede discutir nada porque no se entiende nada. Me contaron un chiste: ¿Cuál es la diferencia entre un mafioso y un fenomenólogo?

¿Cuál es?
Que el mafioso le hace una propuesta que usted no puede rechazar. Y el fenomenólogo le da una respuesta que usted no puede entender.

¿Existió el socialismo?
Jamás. Nada que se pareciera. Lo que hubo, en el imperio soviético, fue un estatismo de izquierda que favoreció a los trabajadores pero que, por otro lado, los esclavizó política y culturalmente. Hubo gran desarrollo en matemática, física, química. Pero en biología, psicología y ciencias sociales, hubo censura ideológica. No se respetó el principio básico de libertad académica.

O sea que los llamados países socialistas o comunistas no cayeron por el socialismo.
No. Cayeron por una crisis total, en parte económica debido a los enormes gastos de armamento, por el atraso tecnológico en agricultura y, tercero, porque la gente se volvió muy cínica. Así como décadas antes y durante la Segunda Guerra Mundial se sacrificaron por la construcción del socialismo y lograron construir un país moderno capaz de aplastar al ejército alemán, luego perdieron la convicción. La gente se había acostumbrado a una existencia mediocre y se había asustado.

El totalitarismo chancó a la gente.
En los primeros años de la Unión Soviética hubo audacia, novedades por todas partes, en ciencia, literatura, pintura. Todo eso acabó con Stalin.

Marx quería encontrar las leyes de la sociedad, así como Newton encontró las de la gravedad. ¿Por qué falló? ¿Le faltaron matemáticas?
Sí. Él estudió matemáticas pero por su cuenta y escogió textos anticuados. Él le tenía un gran respeto a la ciencia, creía ser el Darwin de las ciencias sociales. De hecho quiso dedicarle El Capital a Darwin, pero este no quiso. Marx no fue a ninguna universidad. No tuvo cerca a nadie que le enseñara. Fue un gran inconveniente. Otro fue su acercamiento a la filosofía de Hegel, abstrusa y absurda. Hegel, a diferencia de los demás charlatanes –como Husserl o Heidegger, que no tienen problemas– sí se ocupó de temas importantes. Pero los trató mal. Otra cosa que le faltó a Marx fue sociología. Es interesante: la primera obra de Engels fue de sociología empírica. Entrevistó docenas de familias de Manchester y escribió sobre la clase obrera inglesa basado en sus datos.

La capacidad de recolección y de procesamiento de datos que hay ahora es enorme. ¿Se podrían encontrar las leyes de la sociedad?
Los datos no bastan y con la computación no llegamos muy lejos. La física moderna no se hizo sobre la base de datos sino sobre teorías confirmadas con datos. El motivo es sencillo aunque no lo han explicado los filósofos. Las leyes de alto nivel contienen conceptos que no tienen contrapartida empírica. Por ejemplo, el concepto de masa o el de aceleración, en la época de Newton, no se podían medir. Pensemos en el concepto de cohesión social. Usted no va y mide la cohesión social. Pero Marx fracasó también porque no creía en la democracia. Era elitista.

Vargas Llosa critica la banalización de la cultura de hoy. ¿Qué papel desempeña la filosofía hoy?
Eso no vale para las revistas especializadas, de las que hay miles y de altísimo nivel. Pero es cierto que la cultura popular ha difundido la cultura de los no especialistas. La filosofía en las ciencias sociales puede mostrar la manera de investigar y, sobre todo, de no investigar. Puede demostrar que para hacer crítica no basta charlar. Hay que estudiar los problemas en profundidad. No hay que adoptar, como Marx, la idea de que todo nace de la economía. Hay que darse cuenta de que a veces en una sociedad toman la iniciativa la economía, otras veces la política o la cultura. La invención de un artefacto, por ejemplo, puede cambiar la sociedad. Y las novedades políticas tienen impacto cultural y económico.

¿Cree que es posible producir inteligencia artificial?
Es posible imitar la inteligencia natural en algunos aspectos. Cuando hay reglas, siempre se le puede enseñar a una máquina a seguirlas. Pero no hay reglas para plantear problemas ni para tener ideas nuevas. No hay recetas para eso. Para eso se necesitan cerebros vivos, bien amoblados, pero no excesivamente amoblados, porque un cerebro cargado así tendrá la mayor parte de ideas ajenas.

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