miércoles, 21 de enero de 2009

FRANCISCO MIRÓ QUESADA: "BARACK OBAMA: UNA REVOLUCIÓN SIN IGUAL"


FILOSOFEMAS

Barack Obama: Una revolución sin igual

Francisco Miró Quesada Cantuarias
El Comercio Online, 21 de enero de 2009

Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, nació en Honolulu, Hawái, en 1961. Es hijo de un hombre negro, habitante de Kenia, y de una mujer blanca estadounidense. Ayer asumió la Presidencia de Estados Unidos a los 47 años.

La elección de Obama como el presidente 44 de la gran nación del norte ha marcado un hito increíble en la historia de dicho país. Porque Estados Unidos fue un país racista por más de tres siglos y el nuevo presidente es de origen afroamericano. Su elección como el nuevo presidente de Estados Unidos constituye un acontecimiento revolucionario que ha impactado al mundo entero.

Desde que comenzó su carrera hacia la presidencia despertó una enorme simpatía en el mundo occidental. En Inglaterra, Francia y España el entusiasmo por su candidatura llegó a tal extremo que fue calificado como 'obamanía'.

¿Por qué este entusiasmo? Creo que se debe a dos razones: la primera es que la Unión es el país más poderoso del mundo, y la grave crisis económica que está sufriendo ha repercutido en toda Europa Occidental, incluso en Japón y China y está amenazando América Latina.

La segunda es porque la situación mundial se ha tornado angustiosa. Las guerras en Iraq y Afganistán, la amenaza de un conflicto nuclear, han creado un desasosiego general. Barack Obama, a través de toda su trayectoria política, siempre ha estado del lado de la paz y las relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo y en la dignidad de los pueblos.

Por otra parte, algunos países europeos han sido extremadamente racistas. Y tal vez, en su subconsciencia colectiva desean liberarse de una culpa que no pueden dejar de reconocer. Pero esto no es todo. Para explicarnos la simpatía mundial por Obama debe tenerse en cuenta, además de todo lo anterior, la carrera intelectual de Obama. Sus estudios de Derecho y de ciencias sociales en las universidades de Harvard y Columbia revelaron una capacidad intelectual extraordinaria. Y, si además de todo, se considera que es un orador eximio, se logra comprender por qué cuando llegó a ser presidente electo, en noviembre del 2008, su triunfo fue arrollador.

Gracias a la televisión, uno de los inventos más notables de la inteligencia humana, pudimos ver la ceremonia en la que Barack Obama asumió el cargo de nuevo presidente de Estados Unidos. Fue realmente grandiosa.

En primer lugar, la inmensa multitud que se congregó en la explanada que queda frente al Capitolio, en Washington, calculada en dos millones de personas, a pesar del intenso frío que aquejaba a la capital; en segundo lugar, todo lo que se realizó antes de la juramentación, música, canto, recitación de un poema, y la gran cantidad de personas invitadas, todo ello contribuyó a darle una gran solemnidad al acto.

Pero lo más impresionante de todo fue el discurso de Barack Obama, después de su elección. El nivel de su oratoria superó el de todos sus discursos anteriores. Fue no solo brillante en la forma, sino diplomático, conciliador y optimista. Reconoció la gravedad de la situación y dijo que enfrentarían "este invierno de nuestras dificultades". Señaló que no podía saber cuánto duraría el proceso de recuperación y expuso algunas de las medidas que adoptará para favorecer al pueblo, sobre todo a los más afectados por la crisis, como disminución de impuestos a los más pobres, universalización del seguro social, y severos castigos para los especuladores.

En pocas palabras, considero una suerte haber visto todo lo que he descrito, entre otros aspectos, la fascinante personalidad del carismático Barack Obama.

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