viernes, 6 de noviembre de 2009

FRANCISCO MIRÓ QUESADA: "UNA CARTA SOBRE LA TOLERANCIA"


FILOSOFEMAS

Una carta sobre la tolerancia

Francisco Miró Quesada Cantuarias
El Comercio Online, 6 de noviembre de 2009

Los británicos han tenido mucho menos filósofos que los franceses y los alemanes. Pero sus grandes pensadores han sido, casi todos, de una importancia descomunal. Uno de ellos fue John Locke, que vivió en el siglo XVII. Su obra fue vasta, aunque no fue tan prolífico como los filósofos del continente.

Escribió libros sobre la naturaleza del conocimiento de orientación empirista, es decir, afirmando que todas nuestras maneras de conocer se basaban en la experiencia de los sentidos. En mi opinión, su contribución más importante ha sido: “Una carta sobre la tolerancia” (A letter on toleration), de un notable poder de convicción, Locke dice que el dogmatismo es enemigo de la paz. Oponerse a todo el que discrepa de la opinión oficial, ya sea de la Iglesia o del Estado, puede llevar ser perseguido e, incluso, encarcelado. Ello contribuye a la inseguridad y la infelicidad ciudadanas. Por eso la única manera de que los súbditos del poder imperante vivan tranquilos y seguros es la tolerancia. Y lo mismo puede afirmarse respecto de los dogmas de la Iglesia oficial. Durante el aciago reinado de Enrique VIII que terminó para siempre con la religión católica en Inglaterra, quien se atrevía a opinar que el catolicismo debía gozar de la misma libertad de culto que la religión oficial, era ejecutado de manera inmisericorde.

¿En qué consiste la tolerancia? En algo muy simple: en permitir que otro opine de manera diferente de la que uno mismo opina. Desde luego, si no se está de acuerdo con la opinión ajena, se puede discutir. Pero la discusión deberá ser siempre alturada, sin palabras ofensivas, ni irrespetuosas.

Si en los tiempos antiguos hubiese primado la tolerancia, cuántos sufrimientos humanos habrían sido evitados. No habría existido la Inquisición con sus atroces torturas que debían padecer personas inocentes, cuyo único delito había sido discrepar de los dogmas imperantes. Felizmente esta situación, desde hace bastante tiempo, ha cambiado. En la actualidad, la amplitud y la tolerancia de la Iglesia Católica es ejemplar.

Desgraciadamente, no puede decirse lo mismo del mundo político. En el Congreso se producen con frecuencia enfrentamientos increíbles en los que dos o más representantes se insultan a gritos y, más de una vez, han llegado a golpearse. Esta falta de tolerancia solo puede calificarse de vergonzosa. Asimismo, recientemente, el líder de un partido político insultó groseramente al presidente de la República.

¿Cómo actuar para que la tolerancia impere en nuestro país? Pienso que hay dos modos de proceder. En primer lugar dando el ejemplo. Quien se afana para que los demás sean tolerantes, debe ser un ejemplo sobresaliente de tolerancia. Pero, quizá la mejor vía para lograr una tolerancia extendida a toda la nación, es la educación. Desgraciadamente somos uno de los países más atrasados en la región. El presupuesto de la educación es uno de los más bajos y la educación en los colegios estatales, salvo honrosas excepciones, es de baja calidad.

Reitero que la mejor manera de proceder es dando el ejemplo y tratar de convencer a los demás. Este procedimiento, seguramente, durará muchísimo tiempo y no hay ninguna garantía de que tenga éxito. Mas, a pesar de todo, no debemos descorazonarnos. Debemos seguir luchando para que, algún día, impere la tolerancia en nuestro país.

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