viernes, 6 de noviembre de 2009

GUILLERMO GIACOSA: "SIN CASA NO HAY ECONOMÍA QUE VALGA"


Las responsabilidades de la humanidad
para con su único hábitat en el espacio

Sin casa no hay economía que valga

Guillermo Giacosa
Perú 21 Online, 6 de noviembre de 2009

Estoy seguro de que mañana nos doleremos de nuestra irresponsabilidad de hoy. Ya muchos se lamentan de su irresponsabilidad de ayer. Pero no era ni hoy ni ayer que debimos comenzar a defender el planeta. Era una tarea que, por lógica, ni siquiera debía ser encomendada. Estaba ahí, era y es nuestra responsabilidad. ¿Quién más, sino nosotros, para proteger este hogar que albergó la vida de nuestros abuelos y padres, alberga la nuestra y albergará la de nuestros hijos y nietos? Somos continuidad. El mundo no acaba cuando cerramos definitivamente los ojos. Muchos se esfuerzan por dejar un legado a su familia, y todos, en conjunto, debiéramos asociarnos para dejar un legado a la vida que viene. A la vida que aún no es, pero que indefectiblemente será. Somos responsables de ella. Como recuerdo y como partícula genética estaremos allí sin saberlo, pero será tarde para que nuestra conciencia pueda culparse de su inacción cuando esta le era reclamada. Ahora es el momento de asumir nuestra responsabilidad que, como individuos, como seres sociales y como especie, nos está reclamando el hogar común. Continuar de espaldas significa avanzar, con la ceguera que esa postura representa, hacia un abismo cuyas dimensiones son incalculables e impredecibles. Ya en los últimos veinte años se ha duplicado la cantidad de desastres naturales y el número de personas que padecieron debido a dichos desastres. América Latina, nuestra América, concentra un tercio de todas las catástrofes naturales.

No estamos, en los tiempos que corren, para jugar a la guerra o para medir quién domina a quién. Los que dispongan de tecnologías y capitales, que los apliquen para intentar morigerar los efectos del cambio climático y, también, que abandonen sus tristes, miserables e irresponsables juegos políticos y geoestratégicos.

Hoy, la protagonista del gran desafío es la naturaleza. No es nuestra enemiga. Solo responde a transformaciones y ciclos que le son propios y que, en este caso, la actividad humana ha acelerado. Jugar a imponer una agenda distinta es como discutir, más o menos, de qué color vamos a pintar la cocina mientras el resto de la casa se está incendiando. Sin embargo, y por absurdo que parezca, es esta la actitud asumida por la gran mayoría de los líderes políticos y por una gran cantidad de economistas que creen que sus cálculos matemáticos se pueden aplicar en el vacío o, para seguir con el ejemplo, en la casa destruida por el incendio.

Solo en América Latina se producen 150,000 muertes anuales debido al cambio climático. Aun así, seguimos actuando como si creyéramos que a la naturaleza la vamos a convencer o atemorizar dándole siempre más de lo mismo. Es como decirle a un niño: “¿No te gusta? ¡Pues, repite el plato hasta que te guste!”. La diferencia es que la naturaleza es una vieja señora de 4,500 millones de años para la cual, visto desde esta perspectiva, somos solo un estorbo pasajero. ¿Podremos comprenderlo antes de que sea demasiado tarde?

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