martes, 25 de agosto de 2009

GUILLERMO GIACOSA: "AMAR LAS ARMAS, DESARMAR LA SOLIDARIDAD (I)"


Amar las armas, desarmar la solidaridad (I)

Guillermo Giacosa
Perú 21 Online, 25 de agosto de 2009

Decíamos ayer que Obama parece incapaz de detener el proceso de 'blanqueamiento’ al que es sometido diariamente por el poder que ocupa. 'Blanquearse’ significa adoptar las líneas tradicionales de la política de los EE.UU. Parecerse, en suma, a Clinton o, peor, a Reagan o Bush. Lo de Honduras y lo de las bases en Colombia han servido para tomarle la temperatura a la capacidad del actual presidente estadounidense para cumplir con lo prometido durante la campaña. Intuyo que se trata de globos de ensayo impulsados por la extrema derecha gringa para medir el estado en el que se halla su propia fuerza –luego de los disparates cometidos por la última administración republicana, con crisis incluida– y la capacidad de reacción de quienes ocupan hoy el poder en la Casa Blanca.

Los datos de la realidad indican, por ahora, que su capacidad operativa y mediática no parece demasiado afectada por los desaciertos de los tiempos que precedieron a Obama. Preguntarse el porqué significaría cuestionar a fondo la estructura del poder en el interior de la superpotencia y dejaría, supongo, el amargo regusto de comprobar que un Estado imperial se comporta así. No tiene alternativa. A menos que se plantee dejar de ser lo que siempre, con distintos disfraces, ha pretendido ser. La realidad, aparentemente variable, tiene límites cuyas dinámicas empujan a recorrer caminos o a abrir trochas que no siempre respetan al otro –en este caso, el resto de la humanidad y el medio ambiente–. Se avanza en ese sentido o se deja de ser lo que se es sin estar preparado, mental y materialmente, para ser otra cosa. Se trata de una maquinaria que tritura las mejores intenciones y crea infiernos, con minúsculos oasis, que el poder mediático vende como la realidad total. El mundo, por su parte, responde orientado y limitado por quienes manejan o son manejados por un libreto del que resulta difícil –quizá imposible– zafar.

Veamos. Los tambores de guerra en Afganistán, más las advertencias de la Secretaría de Estado norteamericano recordando su disposición a utilizar, en caso de necesidad, la fuerza militar del complejo bélico más poderoso de la historia, más 865 bases militares distribuidas en el planeta –sin contar Colombia–, más sus remilgos en el caso Honduras, movilizan el sentido de la supervivencia de sus potenciales víctimas y estas actúan en consecuencia.

Brasil, por ejemplo, que se siente amenazado por la base de Palanquero en Colombia y por la aparente tibieza de Obama, acaba de encargar cinco submarinos, incluyendo uno nuclear a Francia, que los construirá en un astillero especial a edificar en el propio Brasil. Venezuela, por su parte, ha adquirido armamento de alto nivel en los últimos dos años, incluyendo aviones, helicópteros, lanchas rápidas y decenas de miles de fusiles. Y hasta Bolivia, uno de los tres países más pobres del área, “se ha sumado a este tren a toda velocidad con un gasto de cien millones de dólares” que, si se calcula sobre su PBI, equivaldría en Perú a una inversión tres o cuatro veces más abultada.

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