martes, 29 de setiembre de 2009

TOMÁS UNGER: "DARWIN Y LA EVOLUCIÓN DEL TIEMPO"


Darwin y la evolución del tiempo

por Tomás Unger
Secció
n Vida y Futuro de "El Comercio", 29 de septiembre de 2009

www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/darwin-evolucion-tiempo/20090929/348304

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Los días, los meses lunares y los años guardan relación con la vida humana
y el hombre siempre
ha tenido el afán de determinar el afán de
determinar la edad de la Tierra y del Universo

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Estamos en el año de Darwin, 200 años de su nacimiento y 150 de la publicación de “El origen de las especies”, con cuyo motivo hemos publicado varios artículos sobre su obra, descrito la evolución planteada por él, y el mérito de plantearla sin conocer las leyes de Mendel y mucho antes de la biología molecular. Cuando Darwin planteó la evolución, le faltaba también un requisito clave, que aún estaba en debate: el tiempo. Nuestra visión del tiempo también ha tenido una evolución cuya historia merece ser contada.

LOS PARÁMETROS
El hombre tiene parámetros naturales para medir el tiempo. Los días, los meses lunares y los años guardan relación con la vida humana. Desde la perspectiva humana el tiempo abarca a lo más siglos y milenios. Sin embargo, al observar el cielo el hombre se comenzó a preguntar desde cuándo está allí y cuánto más durará. La repetición cíclica de los fenómenos celestes hizo pensar en períodos mayores a los que podían medirse con parámetros humanos. Con la observación del espacio surgió la incómoda idea de lo infinito.

Todas las culturas crearon alguna mitología que explicaba y daba fechas a la creación del Universo y del hombre, poniendo límites a la existencia de ambos. En la mitología hindú una creación y destrucción cíclicas, en otras un episodio en la existencia de un ser supremo. Algunos, con mente analítica como los griegos, comenzaron a cuestionar esta visión.

Legado. Este año se cumplen los 200 años del nacimiento de Charles Darwin y los 150 años
de la publicación de su máxima obra, "El origen de las especies", libro precursor de teorías
relacionadas con la evolución y con la visión actual que tenemos del tiempo.


LOS FONDOS MARINOS
Hoy sabemos que hay estrellas que explotan, que los continentes se desplazan y que muchas montañas fueron fondos marinos. Nos hemos acostumbrado a ver nuestro planeta en la perspectiva de un tiempo muy largo comparado con la duración de nuestras vidas y con la existencia del hombre en la Tierra. Aun sin estos conocimientos alguien imaginó la lentitud del proceso evolutivo de la Tierra, el primero fue un griego.

Jenófanes de Colofón, en el siglo VI antes de nuestra era, fue el primero en interesarse en los fósiles. De él se conservan fragmentos escritos, en los que afirma que los peces fosilizados fueron los animales más antiguos, y que antecedieron al hombre en muchos milenios, teoría que fue confirmada después de 25 siglos.

Los fósiles fascinaron a los estudiosos de todas las épocas y Aristóteles fue uno de ellos. Desgraciadamente, su gran influencia dio permanencia a una visión totalmente errada del origen de este registro cronológico de nuestro planeta. Según Aristóteles, la materia inerte podía generar vida. Esta teoría de la “vis plástica” sobrevivió hasta fines del siglo XVIII, pero muchos la cuestionaron, entre ellos el científico que pasó a la historia como pintor, Leonardo da Vinci.

Ludovico el Moro, en 1484 le pidió a Leonardo una explicación para las conchas y fósiles marinos encontrados en los Alpes. La explicación fue sencilla y lógica; si en las montañas hay restos de peces es porque fueron fondo marino. Un contemporáneo de Leonardo, el médico italiano Girolamo Fracastoro, refutó la teoría de Aristóteles en 1517 y medio siglo más tarde el ceramista francés Bernard Palissy hizo lo mismo. Ambos fueron quemados por herejes.

Explicar los fósiles tenía alcances mucho más amplios que interpretar la figura de un animal inexistente grabada en piedra. El tiempo que implicaban las explicaciones de Leonardo, Fracastoro y Palissy se enfrentaba a la Biblia. La idea de animales prehistóricos que no existen más se opone al concepto de la creación. Pensar libremente y buscar explicaciones racionales a lo observado era peligroso en el siglo XVI. Sin embargo, un evento bíblico ayudaba a las teorías más avanzadas: si el diluvio cubrió toda la Tierra, pudo dejar peces y conchas en las montañas. Quedaban por explicar los animales, inexistentes en el siglo XVI, grabados en los fósiles.

LOS QUE PERDIERON EL BARCO
Cuando se encontraron fósiles de animales mayores, resultó evidente que Noé no había cumplido su tarea. Muchos animales abandonados habían muerto en el diluvio. Según la mayoría de los filósofos de la época, los fósiles eran producto de la “vis plástica”. Además había un problema del tiempo.

El obispo irlandés James Usher, en 1472, calculó la edad del universo. Analizando las fechas del Antiguo Testamento, estableció que la Tierra fue creada a las 9 de la mañana del 26 de octubre del año 4004 antes de Cristo. Dada la autoridad de quien había hecho el cálculo, era riesgoso cuestionarlo o postular la existencia de animales que se extinguieron. Así, a pesar de las ideas de Jenófanes, Leonardo, Fracastoro y Palissy, hubo que esperar casi dos siglos para que se revisara la edad de la Tierra.

ANATOMÍA Y GEOLOGÍA
El naturalista francés el Conde de Buffon (1707-1788), profesor de Lamarck (1744-1829), postuló en el siglo XVIII que los fósiles eran animales extintos que a través de miles de años se habían convertido en piedra. Esta afirmación, hecha poco antes de la Revolución Francesa, lo enfrentó con la Iglesia y tuvo que retractarse. Pero para entonces su discípulo, Jean Baptiste Lamarck, había establecido una conexión entre los restos fósiles y los animales vivientes y George Cuvier (1769-1832) había iniciado la anatomía comparativa. Mientras tanto un topógrafo inglés, William Smith (1769-1839), había atribuido distintas edades a las capas geológicas.

Se requería una escala de tiempo que sobrepasaba la del obispo Usher. Para entonces ya no se quemaba en la hoguera a los que cuestionaban la Biblia y surgió una escala de tiempo totalmente diferente. Se habían explorado nuevos continentes y la visión del mundo había cambiado. Buffon propuso que la Tierra había sido una bola caliente que se había enfriado y calculó que necesitó 74.832 años, casi 20 veces la cifra de Usher. Veinticinco años más tarde el filósofo alemán Emmanuel Kant (1724-1804) escribió: “Habrán de pasar millones de siglos a lo largo de los cuales no cesarán de formarse nuevos mundos”.

James Hutton, geólogo escocés (1726-1797), publicó la “Teoría de la Tierra” afirmando que los cambios geológicos son graduales y requieren mucho tiempo. “Los principios de la geología”, libro publicado por el geólogo escocés Charles Lyell (1797 -1875), apoyó la tesis de Hutton y ambos influyeron en la visión de la edad del planeta. Lyell estableció los procesos por los que el agua y el viento erosionan la Tierra, un proceso que requiere millones de años, cifra que rompió los esquemas existentes.

Durante la vida de Charles Lyell, un joven biólogo inglés se embarcó para dar la vuelta al mundo en un viaje que pasaría a ocupar un lugar prominente en la historia de la ciencia. Charles Darwin recolectó fósiles y observó animales. Sus conclusiones fueron publicadas en 1859 en “El origen de las especies”, probablemente el libro más influyente en la historia de la ciencia moderna.

Darwin observó en los seres vivos los cambios graduales que Lyell había observado en la corteza terrestre. La escala de tiempo que se requería para llevarlos a cabo también era enorme. El problema pasó al campo de los astrónomos: para todo esto se requería que el Sol nos hubiera alumbrado por millones de años, pero no existía una forma de energía conocida que explicara un Sol tan antiguo. La solución llegó en el siglo XX con el descubrimiento de la fusión nuclear. Actualmente la edad de la Tierra se calcula en más de 4.500 millones de años, tiempo suficiente para la evolución.

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