
Ocurre que la estrategia de Zelaya abortó la estrategia de Hillary Clinton. Ella –¿seguirá sintiéndose rival de Obama?– pretendía estirar el tiempo para que se produjeran nuevas elecciones. Luego, todo iría acomodándose de acuerdo con los intereses de EE.UU. en su portaaviones centroamericano llamado Honduras.
La presencia de Zelaya, sumada a la capacidad inagotable de cometer desatinos que tiene la administración que usurpa el poder, quebraron el plan Clinton y, ahora, con elecciones que necesariamente serán postergadas, hay que diseñar una nueva patraña que oculte las intenciones del poder real, tras los modosos modales democráticos que cada día le cuestan más a la superpotencia. ¡Qué fácil hubiese resultado todo con Bush en la Casa Blanca! Imagino al mentiroso compulsivo reconociendo a Micheletti, elogiando sus cualidades humanas, enalteciendo al valeroso ejército hondureño que se jugó la vida sacando a Zelaya en piyamas –con lo peligroso que son las piyamas–, etc. Todo hubiese sido distinto. Con Obama, las cosas se complican. El hombre tiene modales democráticos. Falta averiguar si solo son modales o si hay detrás de ellos una convicción capaz de hacer frente a los poderes económicos que, además de sabotearle su sensato plan de salud, torpedean, en el caso Honduras, la alternativa de una respuesta coherente a partir de una praxis cada día más alejada de sus postulados teóricos.
Resulta curioso que la prensa, tan hábil en descubrir complots y atropellos aun allí donde no los hay, no ponga en evidencia las contradicciones en las que se mueve el Gobierno de EE.UU. Y más curioso resulta que, habiendo sido víctimas de atropellos militares, no condenen categóricamente lo que está ocurriendo en Honduras. ¿Será que solo se atenta contra la libertad de expresión cuando se amenaza a los grandes intereses económicos?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario