viernes, 16 de octubre de 2009

GUILLERMO GIACOSA: "LAS CONTRADICCIONES DE BARACK OBAMA"


Las contradicciones de Barack Obama

Guillermo Giacosa
Perú 21 Online, 16 de octubre de 2009

Juan Gelman, en un artículo aparecido en el diario Página/12 de Buenos Aires, afirma que “los ejecutivos financieros rescatados por el presidente Obama siguen recibiendo los sueldos y las bonificaciones que solían recibir, y no pocos consorcios gigantes aumentaron sus ganancias en el año declarado de la crisis. Véase el caso de la petrolera Chevron, que opera en 120 países. Sus actividades: explorar yacimientos de petróleo y gas natural, explotarlos, refinar la materia prima e invertir en empresas mineras, químicas y eléctricas. Sus beneficios en el 2008 alcanzaron 23,900 millones de dólares, la cifra más elevada de su historia, superior en un 28% a la del año anterior. David J. O’Reilly, presidente y director ejecutivo de Chevron Corporation, percibió 50 millones de dólares en el 2008 y es, apenas, el número 15 de los mejor pagados en EE.UU.”.

Esa desigualdad innecesaria resulta irritante en cualquier lugar del planeta y, muy especialmente, en un país donde, a pesar de sus inmensas riquezas y su avanzado desarrollo tecnológico, hay gente durmiendo en las calles, otros muchos arreglándose con humildes casas rodantes y más de 40 millones –entre ellos gran cantidad de niños y adolescentes– sin acceso a los servicios de salud. Más irritante aún resulta que semejante práctica sea vista por muchos como una virtud del sistema que permite el enriquecimiento ilimitado.

Es verdad que no se resuelve el problema de todos con la privación de ganancias excepcionales de algunos pocos privilegiados, pero dicha remuneración es un insulto a la más elemental noción de solidaridad sobre la que –creemos– debería asentarse el pacto social tácito en el que se funda la existencia de un Estado democrático. Cada uno podrá ganar de acuerdo con sus merecimientos, pero qué merecimientos pueden ser tan desmesurados para que alguien sobrepase en 500 o 5,000 veces lo que ganan sus semejantes. Si a esta reflexión le agregamos que muchos de los que han recibido sumas excepcionales en premios son los mismos que contribuyeron, con sus ingeniosos y explosivos paquetes financieros, a materializar la crisis que actualmente vivimos, concluiremos que la situación que plantean estas ganancias desmesuradas es éticamente injustificable y contraria a toda lógica que no sea la del capitalismo salvaje.


Otra contradicción de Obama señalada por Gelman es que el presidente estadounidense manifiesta que Gandhi era su héroe, al tiempo que “aprueba una inversión de 700,000 millones de dólares en las guerras de Irak y Afganistán para el año fiscal 2009/10, monto que no incluye los gastos de seguridad interior y de los servicios de Inteligencia. El envío previsto de más efectivos estadounidenses a Afganistán engordará esa suma, que decuplica con creces los presupuestos militares de Rusia y de China”.

Difícil nos resulta imaginar, a quienes también admiramos al Mahatma Gandhi, que el prócer de la no-violencia vería con simpatía el alucinante presupuesto militar de los EE.UU.

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